Hernández, dos parones de dos orejas

Juan Sebastián Hernández cortó dos orejas al tercero y salió a hombros; Julián Mateo paseó una oreja simbólica tras el indulto del quinto. Juan Gómez cortó una oreja al que abrió la novillada con picadores.

Rodrigo Urrego B.

Juan Sebastián Hernández aspira a ser el tercer matador de toros de Sogamoso, la capital boyacense del toreo colombiano. La ciudad que mantiene la tradición de dar toros cada 20 de julio, y que hace unos años se metió en la conversación nacional de ser cuna de toreros. Hasta ahora César Camacho es el que más lejos ha llegado en el toreo, que se mantuvo en los carteles de ferias durante toda la década de los 90. En esos años, cuando había toros casi todo el año por todo el país, fueron decenas de toreros que quisieron seguir la huella, y ganarse la vida dando pases a los toros.

En Sogamoso se contaron por decenas los jóvenes a los que les picó el bicho del toreo gracias a la feria del Sol y del Acero, que en los años de bonanza se movía entre tres y cuatro corridas para celebrar la independencia nacional. Juan Manuel Pérez (Manolo Celis), José Manuel Caro, Orlando Díaz, Diego Iván Chaparro, Paco Peralta,  Joselito Vargas, Carlos Contreras, fueron nombres que anunciados en muchas novilladas de Boyacá, y muchos alcanzaron a hacer el paseíllo cuando la Santamaría daba novilladas entre julio agosto y septiembre. Ellos fueron los primeros alumnos de la escuela taurina Pepe Cáceres, máxima figura del toreo nacional, que se inmortalizó en la plaza de la Pradera.

Entrenaban todas las semanas en el ruedo donde el 20 de julio de 1987 un toro de San Esteban de Ovejas mató al maestro de Honda, que se resistió 20 días en cuidados intensivos en Bogotá. Llegaban también de pueblos cercanos a la región, donde se podían llegar a dar por lo menos 20 novilladas entre septiembre. En Sogamoso era donde se remataban las corridas, era donde boyacenses y llaneros podían empezar a meterse en el mundillo.

En la plaza donde debutaban casi todos los novilleros que llegaron a la alternativa desde el 2000, por donde tenían que pasar los novilleros punteros de todo el país, ahora se da una corrida y una novillada. En los pueblos a la redonda se volvió costumbre la injerencia de alcaldías y concejos y ya se cuentan con los dedos de una mano los empresarios que siguen anunciando toros en las ferias. Pese a ello, aún hay jóvenes que quieren vivir del toreo.

A poco más de un kilómetro de La Pradera, la plaza de tientas de la ganadería Suescún se convirtió en un auténtico ring en donde se libraban batallas por querer ser torero. Tan tradicionales como las ferias en esos tentaderos, llegaban hasta niños de 10 años con trastos decididos a probar suerte. De allí salieron los nombres de Franciscó Gómez y Leandro Campos el Choni, además hijos de dos empresarios de la región. Se conocieron todo su departamento y el Casanare vistiéndose de luces, y llegaron a colgarse en carteles en plazas como Manizales y Bogotá. Hace dos años tomó el Choni tomó la alternativa de manos de Luis Bolívar, y se convirtió en el segundo matador de toros  en la historia de Sogamoso. Pero ya no son los tiempos de César Camacho.

Lo natural era que en los tiempos del Choni ya nadie en Sogamoso quisiera ser torero. Pero Juan Sebastián Hernández es la especie en vía de extinción y vistiendo su obispo y plata, traje que le heredó a su amigo el matador Paco Perlaza, con quien entrena a diario en Cali, donde hubo la más importante escuela de toreros de Suramérica. Así esté obligado a brillarlo una o dos veces por año, se empecina en llegar a la alternativa. Aun así quiere ser el tercer matador de toros de Sogamoso.

El sábado, con ese obispo y plata, cortó dos orejas en la plaza de toros de Manizales, al novillo Galopo de Armerías, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Salió a hombros por la puerta grande, y fue declarado triunfador de Toros y Ciudad 2018. Un triunfo que lo tiene a las puertas de la feria de Manizales, ícono de las ferias en América, y de los pocos lugares donde la vida a un aspirante a torero puede cambiar.

Hace dos años había debutado en Manizales y salió descabezado. No se le recuerda un muletazo. Esta vez se ganó la puerta grande por dos parones, dos momentos en los que aguantó la respiración y se la jugó por una voltereta, y aunque el sentido natural llamara a salir corriendo, se quedó quieto. Los que alcanzaron a llevarse las manos a la cara o los que se les salió un grito de terror de forma espontánea no se explican como el torero salió ileso. Sin siquiera haberse despeinado. Como no, los tendidos de la plaza de toros de Manizales se levantaron de emoción. Nunca más lo hicieron de forma semejante en el fin de semana.

Para llegar a ese momento de máxima cercanía, de máximo arrojo, de valor, Hernández había dado buenos muletazos por ambos pitones al tercer novillo del encierro de Armerías, que se dejaba torear aunque le gustaban las tablas. Es probable que el joven aspirante de Sogamoso haya sentido por primera vez haber pegado una tanda en una plaza grande, de haber oído el pasodoble en su faena, o un ole de esos que retumban en toda la plaza. Como los de este sábado. Y que parecían poco probables tratándose de un torero que no habrá hecho dos paseíllos desde su debut. Una oreja por cada parón. El presidente no podía resistirse al clamor popular. Pudo haber cortado una oreja del sexto, donde tenía que ratificar la puerta grande. No podía dar un paso atrás. No lo dio. Se mantuvo a la altura de quien aspira a torear una feria de Manizales.

A diferencia de Sogamoso, en Manizales hay más jóvenes que quieren ser toreros, y no es raro que cada año aparezcan más. Uno de ellos es Julián Mateo Jaramillo, que puede completar cinco años intentando acercarse a ser protagonista de la feria de su ciudad. Y tropiezo tras tropiezo, también es probable que el sábado por primera vez se haya ido con una sonrisa a su casa. Indultó al quinto, Galopero, y aunque solo le dieron una oreja, nadie le quitará haber pegado tantos muletazos como los que da en sus entrenos de salón. Esta vez, anunciado simplemente Julián Mateo, y alentado con carteles en gran parte del tendido de sombra, se sintió torero en el ruedo de su plaza.

Juan Gómez Dinastía, de Medellín, lleva el toreo en la sangre, como está escrito en las letras de su nombre. En las nocturnas de Cali de hace dos años hizo una gesta propia de su tío José Gómez Dinastía, cortar tres orejas y salir a hombros de Cañaveralejo. Tenía más que ganada su presencia en la disputa por la feria de Manizales. Se fue arriba en el marcador en el primero de la tarde, sumó pases como quien suma puntos para la oreja. Se fue a la puerta de toriles a recibir al cuarto a portagayola, como dicen los mandamientos del toreo después de las dos orejas de Hernández en el tercero. Pero hasta ahí llegó su tarde porque el novillo lo arroyó y le pegó un palizón del que le fue difícil reponerse.

 

 

Manizales, sábado 13 de octubre de 2018
Plaza de toros de Manizales
Novillos de Armerías
Lleno

 

Juan Gómez Dinastía. Oreja y silencio
Julián Mateo. Palmas y una oreja tras indulto
Juan Sebastián Hernández. Dos orejas y saludo

El tercero, de nombre Galop, fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El quinto, Galopero, fue indultado.

 

Imágenes en https://bit.ly/2IqKubD

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