Cali, novillada de Feria

Roca Rey, triunfo con muleta y sin muleta

 

Texto Rodrigo Urrego

Fotos Rodrigo Urrego B. y Diego Caballero.

 

 

Salir triunfante ante una novillada tan descastada como la que se lidió en el prólogo de la feria de Cali resultó ser una tarea casi que imposible. Solo el peruano Andrés Roca Rey consiguió cortar una oreja, y estuvo a punto de conseguir el pasaporte definitivo para la puerta grande en el que cerró la tarde. Pero los novillos de Ambaló se empeñaron en hacerle imposible la vida a la terna de novilleros.

Precisamente, Roca Rey, fue el mejor favorecido. Le correspondió el mejor del encierro, o más bien, el menos deslucido. Fue el tercero, de nobles embestidas, aunque rayando en la sosería. Pero fue el mejor porque persiguió la muleta con franqueza, y el peruano supo aprovecharlo por ambos pitones. Con la muleta emocionó mucho con un natural de gran dimensión. Y sin la muleta puso el toque necesario para que lo que sucedía en el ruedo tuviera mayor emoción. Porque Roca Rey supo aprovechar el momento en que el animal parecía entregarse para acortar las distancias, poner sus muslos casi que en la testuz del novillo. Y para hacer alardes, tirando la muelta y ofreciendo su cuerpo ante un animal que a esa altura ya no quería ninguna pelea.

Con la oreja del tercero en la mano, el peruano destapó el resto de sus cartas con el manso y peligroso sexto. Se echó el capote a la espalda, citó a larga distancia, y cuando el novillo parecía perseguir el capote prefirió levantarle los pies al torero. Lo mismo pasó en el inicio de faena de muleta con ayudados por alto en el centro del ruedo. En ambos momentos el novillero se repuso.

 

Roca Rey intentó torear en redondo, más con pundonor que con calidad, pues las condiciones no daban para ello. Y fue acortando y acortando distancias, pasándose el novillo en suertes repentinas y riesgosas. Y la plaza pareció venirse abajo cuando cerró su obra de nuevo tirando la muleta, en un nuevo alarde a cuerpo limpio que pareció disfrutar.

Pero el nivel máximo de las emociones lo subió el peruano cuando, casi en la mitad del ruedo, igualó al novillo, volvió a tirar la muleta al piso, y sin ella se fue hacia el morrillo con la espada en la mano. Fue efectiva, aunque el novillo tardó mucho tiempo en doblar. Le hubieran dado la oreja.

El colombiano Juan Camilo Alzate no encontró ese triunfo que reclamaba para recuperar ese camino hacia la alternativa. Para él, como para cualquier colombiano que se asoma a los carteles, era una tarde crucial. En el primero las cosas parecían desarrollar por el camino deseado. Juan Camilo inició la faena de muleta de rodillas y en redondo. Una serie muy buena pero que terminó siendo lo destacado de su actuación. El torero se vino abajo, al igual que su novillo. Y con el cuarto, un muy descastado animal que embestía con la cabeza arriba, lo único que cabía era terminar de forma decorosa.

Mientras que el venezolano Jesús Colombo se llevó un lote para olvidar, aunque quizás el torero no podrá hacerlo por el mal rato que le hizo pasar. Pudo expresarse con el segundo de la tarde, pero la faena no alcanzó mayor interés. El quinto, que le pegó un fuerte golpe en banderillas, amenazaba mucho cuando el torero le ponía la muleta.

 

Ficha

Cali, Plaza de toros de Cañaveralejo 
Jueves 25 de diciembre de 2014
Novillada
Un tercio de plaza

Se lidiaron seis novillos de Ambaló, de desigual presencia y de descastado comportamiento en términos generales.

Juan Camilo ALZATE (blanco y oro): saludo tras petición y silencio
Jesús COLOMBO (azul y oro): silencio en ambos 
Andrés ROCA REY (obispo y oro): oreja y vuelta tras petición