Manizales,segunda de Feria

El peso de la espada

Por Víctor Diusabá Rojas, tomado de lapatria.com

Fotos Rodrigo Urrego B.

 

 

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A esta hora, uno imagina a Manuel Libardo en la tarea de amolar su espada para las tardes que vienen. Y mientras la piedra va y viene, los recuerdos de lo que pudo ser y no fue deben viajar por su mente, pero aún más por el filo imaginario, ese que separa la gloria del crujir de dientes.

Manuel Libardo se fue con las manos vacías y nosotros también. Y la sombra de esa frustración se hace más grande en la medida de que la corrida no fue lo que soñábamos. Los toros de Achury Viejo estuvieron lejos de su historia, y cuando en parte la encontraron, como pasó en la segunda parte del festejo, sobrevinieron los desaciertos con la espada (pasó en cuarto y sexto) o los excesos en la vara (como pareció suceder en el quinto).

Antes de eso, hubo un toro exigente, quizás el más importante de los seis, fue el primero de la tarde, un tobogán de sensaciones al que el mismo Manuel Librado resolvió de principio a fin, sin dejar preguntas sin respuesta. Porque el ejemplar de Felipe Rocha pasó, igual, por la bondad de meter la cara y dejar correr la mano en más de una serie, que, enseguida, mostrarse en plan de atropellar. Eso sí, transmitió. Y el de Ubaté, ahí, siempre firme para mandar desde esa muleta puesta adelante. Hubo momentos de belleza, pero más de emoción. El toro dobló y la petición se hizo oír. Todo quedó en un saludo.

Lo que acababa de comenzar con notas de interés, se desafinó de inmediato con lo que trajeron segundo y tercero, mansedumbre. El primero de ellos se agarró al piso y no hubo forma de que Santiago Naranjo, todo voluntad, pudiera remolcarlo. El otro pasó de no darse por entendido a sacar una punta de violencia ante Juan del Alamo, El torero español tomó todas las precauciones con la espada, hasta que los segundos tras el pinchazo se hicieron minutos para dar lugar al tercer aviso.

 

Y vino ese cuarto turno que pudo cambiar en mucho el destino de Manuel Libardo y, en lago, el de la tarde. El toro metió duro en el caballo, hasta causar un percance que comprometió la salud del picador Clovis Velásquez, tras el espectacular tumbo que lo dejó inconsciente. Al final todo no pasó de un inmenso susto. El toro fue manso pero aceptó dialogar en los adentros. Allí planteó la faena Manuel Libardo. Eso sí, le tapó con la muleta la posibilidad de que se marchara y poco a poco lo convenció de las bondades de esos terrenos. La faena ganó en audiencia, sobre todo en las tandas de naturales. Pero, torero, esa espada que ahora usted tiene entre manos, dijo no, y con ella, al menos un trofeo. Su peso, el del estoque, arrastró lo que era suyo.

El quinto partió plaza y dejó de salida la sensación de portar todos los méritos de su hierro. Pero, tras la vara, esos gestos de bravura se hicieron piedra. El toro no pudo con su alma, Otra vez Santiago Naranjo veía partir su ilusión.

El sexto de la corrida se movió aunque sin trascender. Juan del Álamo logró embarcarlo de largo y luego, en espacios más reducidos, arrancarle series en las que hubo respuesta a medias del toro. Alguna alegría corrió por los tendidos, pero pronto todo volvió al silencio natural de la mayor parte del festejo. Dos avisos.

Ficha de la corrida

60 Feria de Manizales

Segunda corrida de abono

Seis toros de Achury Viejo

En general, bien presentados, pero faltos de raza. El primero, exigente. El sexto, con movilidad. El cuarto manseó pero se movió en los adentros. El segundo, manso perdido. El tercero parado. El quinto se apagó tras la vara.

Manuel Libardo

Celeste y oro

Saludo tras petición y palmas luego de aviso.

Santiago Naranjo

Azul pavo y oro

Palmas y palmas

Juan del Álamo

Palo de rosa y oro

Pitos tras tres avisos y silencio tras dos avisos


Detalles:

El picador Clovis Velásquez pasó a la enfermería y luego fue trasladado a un centro médico, tras quedar inconsciente por fuerte golpe que la causó el tumbo propinado por el cuarto de la tarde. Tres cuartos de entrada. Tarde soleada.