Manizales, primera de Feria

Adame, a la hora del cierre...

Por Víctor Diusabá Rojas, tomado de lapatria.com

Fotos Rodrigo Urrego B.

 

 

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Como en el oficio periodístico, la adrenalina y la emoción, estaban a la hora del cierre. Antes, pasaron cuatro turnos en vano hasta que alguien dio con el tesoro escondido. Fue el mexicano Joselito Adame quien lo halló en ese quinto toro de la tarde que supo romper a bravo en el momento en que todo parecía condenado al ostracismo. Y de la mano de los dos, toro y torero, la corrida echó arriba para que que la fe volviera, luego de trece antecedentes (nueve del lunes y estos cuatro), en los que no había pasado nada.

Comencemos por el pan duro, ese que tuvimos que tragar en el largo comienzo. Los toros de Santa Bárbaro, esos del arranque, o se pararon o apostaron hacia los adentros. Y en esos terrenos de la indignidad poco se pudo hacer, aparte de poner voluntad. Lo hizo este Guerrita Chico que se fue con las manos vacías, no sin antes dejar esa estela con que los toreros maduros marcan sus faenas. En ambos toros, el de Cali expuso un capote digno de verse en galería. Acompañó siempre las embestidas con manos bajos y mandó mucho para empalmar con el siguiente lance.

Pero fueron nada más que comienzos sin finales. Y no por culpa suya. Al primero lo administró con la filosofía del uno a uno para que no se marchara. De ahí salieron muletazos sueltos pero no los suficientemente continuos para dar lugar a una faena maciza. Lo doblones de cierre tuvieron poder. Vuelta al ruedo.

En el cuarto, un melocotón de capa, dio nueva lección de percal, esta vez a pie junto. Guerrita se fajó ante el manso, pero ni siquiera pudo ganar por puntos porque su enemigo dio la espalda. Espadazo y ovación.

Al mismo Adame, que ya encontraría la revancha, le salió un castaño oscuro sin alegría, al que le resultaron resabios como los de escarbar y, por momentos, arrear hasta hacer sentir su violencia. El capítulo se extendió más de la cuenta por la falta de precisión con la espada. Pitos, tras aviso. Y a Luis Miguel Castrillón le correspondió su parte en el tercero, un toro sin buenas señales permitieran brindarle confianza. Hubo destellos, pero no más.

Pero salió ese quinto, justo en la romana pero con pólvora por dentro para ver la verdadera dimensión de Adame. El mexicano apuró al animal y encontró respuesta. Fue una faena que, primero, transitó por las autopistas de la emoción para llegar, luego, a los terrenos donde habita el fondo de las cosas. Allí, lo muletazos fueron cada vez más largos y más hondos. Y también, más sentidos. Y el toro, resuelto a vender caro lo que se viniera encima. Lo mató recibiendo con una precisión asombrosa. No hubo homenaje en el arrastre al ejemplar y Adame se colgó esa medalla de una oreja, con la que entraba en el corazón de una plaza dispuesta a entregar dos. Pero el que manda -el Presidente - manda. Ya saben señores cuál es es el listón de exigencia que está puesto para quien quiera cortar dos orejas a un toro.

Y quedaba el sexto para Luis Miguel Castrillón, quien mostró buena parte de esa riqueza técnica con que lo han ido formando hasta hacer con él lo que es, una interesante promesa. Los detalles de finura con ese ejemplar mantuvieron el clima de la feria en los tendidos. Igual, el planteamiento de su faena a un toro que tenía problemas en una de sus extremidades fue muy acertado. Ovación.

Ficha de la corrida

60 Feria de Manizales

Seis toros de Santa Bárbara

Desiguales de presentación. Bajos de raza los cuatro primeros, El quinto, encastado y a más. Por problemas físicos, el sexto quiso pero no pudo.

444, 490, 448, 520, 440 y 450 kgrs

 

Guerrita Chico

Barquillo y oro, rematado en negro

Vuelta al ruedo y palmas

Joselito Adame

Verde botella y oro

Pitos tras aviso y oreja con fuerte petición de otra

Luis Miguel Castrillón

Sangre de toro y toro

Palmas tras aviso y ovación


Detalles:

Casi tres cuartos de entrada. Buenos pares de Ricardo Santana, Herrnando Franco, Wilson Chaparro, Jaime Devia y Héctor Fabio Giraldo. Tarde calurosa.