Cali, quinta de Feria

Un Adiós en Silencio

Por Víctor Diusabá Rojas, , tomado de elpais.com.co

Fotos Rodrigo Urrego B. y Diego Caballero.

 

 

La feria merecía otro final. No este, el de una tarde que se hizo eterna entre las casi nulas posibilidades del encierro de Juan Bernardo Caicedo y esa tendencia a la baja de las ilusiones de los toreros. Claro está, el resultado no podía ser otro que el fracaso de la última de abono.


¿Qué pasó? Pues aparte de nada, que la diferencia con los antecedentes de las tardes previas hizo más notorio el descalabro. Al fin y al cabo, a lo largo de la semana taurina de Cañaveralejo siempre hubo un hecho, y a veces muchos, para resaltar. Esta vez, una solitaria vuelta al ruedo de Juan José Padilla resultó muy poco dividendo para el público, escaso más bien, que vino a la plaza a soportar calor y aburrimiento.


Eso sí, el ganadero cumplió a cabalidad con el primero de sus mandamientos: la buena presentación del encierro, más allá de la notoria disparidad. El primero recibió el saludo de palmas de los buenos aficionados por su seriedad. Y el gesto se repitió un par de veces más. Ya por dentro, las cosas fueron a otro precio.


Por ejemplo para Juan José Padilla, quien, fiel a su línea, intentó meterse pronto en el corazón de la gente. No así ese tío con que comenzó la corrida, que se agarró al piso hasta hacerse una estatua, bella sí, pero poco útil. Apenas un par de muletazos, con las zapatillas firmes, dejaron ver alguna expresión artística. Lo demás, afanes y molestias. Espadazo y palmas.


En el cuarto, el ´Pirata´ abrió su faena con largas cambiadas, emblema de sus ganas de triunfo. Antes de entrar a la muleta, Ricardo Santana le quitó de encima el toro, en un afortunado quite del subalterno colombiano que confirmaba, una vez más, su buen momento, por encima de los extraordinarios pares que puso a lo largo de la Feria. Padilla inició la faena con doblones, que el toro acogió con gusto. Pero el momento fue eso y nada más, un instante que no tuvo ni pudo mantener arriba el interés mutuo. Hubo miradas del toro a los adentros y una espada tendida. Vuelta al ruedo por más iniciativa propia que otra cosa.


Antonio Ferrera sufrió un duro golpe en una de sus piernas, tras intentar ganar el callejón en los pares a seis manos en la apertura de la corrida. Igual, se puso en la tarea de sacar provecho del toro con que cumplió su primer turno, tercero de la corrida.  El de Juan Bernardo tuvo franqueza en el capote y codicia en el caballo, e incluso arrancó con señales de esperanza en el trapo rojo. Otra vana ilusión porque pronto el toro comenzó a quedarse corto. Entonces, Antonio sacó ese brazo de goma con que extiende las embestidas y logró sacar más de lo que allí había. Un esfuerzo que la espada no quiso recompensar. Palmas.


Sebastián Vargas se encontró con el fardo de violencia que era ese segundo de la tarde y al que todos le hicieron el feo. Arrollaba sin atender señales. En el quinto tampoco encontró la horma y se fue pitado.

 

Feria de Cali 2014
Quinta corrida de abono
Seis toros de Juan Bernardo Caicedo
Bien presentados pero descastados, a excepción del sexto que se movió con alguna emoción.
 534, 526, 456, 446, 446 y 452 kgrs
Juan José Padilla
Obispo y oro
Palmas y vuelta al ruedo
Sebastián Vargas
Azul marino y oro
Silencio y pitos
Antonio Ferrera
Azul marino y oro
Palmas y silencio
Detalles:
Menos de media entrada. Tarde calurosa