Lenguazaque, segunda de temporada

Las cosas bien hechas

Por Diego Caballero

Fotos Ideal y Rodrigo Urrego B.

 

Desde la (gran) presentación de los toros, hasta lo hecho por los toreros, pasando por una impecable organización, en Lenguazaque, el domingo, se respiró un aire de acontecimiento. La presencia de algunas peñas y aficionados de la capital dieron realce a una corrida que marchó por el camino de lo bien hecho. Una corrida que anunció a Diego Ventura, todo un acontecimiento en tierras alejadas de las grandes capitales.

Las imágenes de los toros, subidas y vistas  varias veces en las redes sociales, captaron la atención de los que claman, con justicia,  por la presentación de los toros. Una corrida de primera en una plaza de tercera, fue lo que se embarcó desde la finca Las Manas con el hierro de Juan Bernardo Caicedo. Además, la corrida (casi toda) embistió y enfrentó,  una terna que continuó con la labor de las cosas bien hechas. De paso,  la corrida se puso el rótulo de ser una de las mejores presentadas de la temporada colombiana, dando una muestra,  al lado de los toreros y los empresarios,  de cómo defender una fiesta cada vez más atacada.

Hace 20 días,  Francisco Sánchez, el emprendedor alcalde del municipio, anunciaba con entusiasmo y ante el asombro de todos,  a Diego Ventura. Pocos, muy pocos, podían pensar que una figura máxima del escalafón de los que hacen vida a caballo, pudiera llegar a los antiguos dominios del Zaque. Tan pocos lo creyeron, que muchos se quedaron en casa. Se lo perdieron.  Junto a él,  se anunció a Manuel Libardo, un torero acostumbrado a triunfar en esta plaza, aun en tiempos en que sólo  esta población lo anunciaba y a Ricardo Rivera que debutaba ante este público, tras recorrer las grandes ferias.

Diego Ventura no defraudó. Supo encontrar la lidia de cada uno de sus toros. Lució sus caballos, los expuso y consiguió clavar arriba ante el asombro de un público que no está acostumbrado a ver rejoneadores. Para el  rejoneador de La Puebla, la tarde tuvo un momento muy emotivo cuando, después de ocho años, volvió a cabalgar sobre lomos de Té, que perteneció a su cuadra y que se encuentra de semental en casa de su amigo Jorge Enrique Piraquive.


Ventura, cortó tres orejas y fue el centro de las miradas y del objetivo de las cámaras (de todas las clases)  que llevaban los más de 2.000 aficionados que asistieron. Ellos, como es  costumbre en los pueblos, imprimirán la foto y la colocaran en la sala de sus casas y  contaran que un 1 de febrero, vieron en su pueblo al mejor rejoneador del mundo.


La corrida,  tuvo en su comportamiento toros con nota alta. Toros que de salida remataron en los burladeros, que pelearon de buena forma en el caballo, que persiguieron en banderillas y que dieron mucha seriedad a lo que se les realizó. Un toro  de nombre  “Jurista”,  fue la cima de un encierro con picos altos.


Un toro de gran clase y bravura que no paró de embestir y que encontró en las manos de Ricardo Rivera una muleta capaz de conducir su clase. Tiempos, empaque y naturalidad en  un torero que arrancó aplausos y roncos olés que bien hubieran podido tener otro marco. Su espada,  dejó todo en un aviso y una gran ovación. Los gestos de rabia del torero, traducían  que se había escapada un gran triunfo. Antes, su capote tuvo las mismas virtudes de su muleta. Su segundo toro no pareció ceñirse al libreto de la tarde y no dejó opción a Rivera que se marchó adolorido de su rodilla, porque al torear de  capote,  el toro se encontró con ella. Pocos lo vieron en su momento, lo cierto es que Rivera se mantuvo en el ruedo con visibles muestras de dolor y fue imposible, para él, encontrarle la muerte al toro.

Manuel Libardo sumó para marcharse a hombros. Cortó dos orejas, una en cada toro. Pudieron ser más, pero la presidencia también se acogió a lo que dictaba la tarde y le subió el listón a la categoría de la plaza.  No fueron trofeos de fácil alcance, fueron recogidos tras dos faenas en la que su madurez alcanzó altas cuotas. Supo entender cada una de las embestidas ofrecidas por su lote. A su primer toro, otro buen toro,  supo atesorarle su bravura y conducir con temple y firmeza su honda embestida por el pitón derecho. A su segundo, supo alargarle la embestida, logrando al natural uno de los momento más importantes de la tarde,  por profundidad, clase y mano baja. Lo mejor para Manuel, fue encontrar el sitio perdido de su espada, un sitio que lo ha hecho perder varias orejas. Su capote, como casi siempre, tuvo mención especial en la tarde.

Al finalizar la tarde, se fueron a hombros Diego y Manuel, tras una tarde de toros y de tres toreros. Una tarde en la que los aficionados, nativos y foráneos,  nunca perdieron el interés, una tarde,  que  tardarán (si lo hacen) en olvidar y en la que vieron al mejor rejoneador del mundo,  como lo anunciaron los carteles que adornaban las calles y las tiendas de un pueblo que presume de ser el más taurino de la región.