Medellín, tercera de temporada

No es más que un hasta luego…

Por Víctor Diusabá Rojas, Columnista invitado

Fotos Rodrigo Urrego B.

 

Como en la canción del colegio, no es más que un hasta luego…Ojalá sea eso y nada más. La Carolina ha decidido cerrar un capítulo.  Sobra decir que nos va a hacer falta. Con los tiempos que corren para fiesta, que una ganadería eche el cerrojo es una pérdida inmensa, más aún cuando ella, la dehesa de Mejía y Uribe, ha apostado, antes que por el camino llano del monoencaste, por el empedrado de quienes defienden, y defendemos, también la variedad.

La corrida del hasta pronto (aquí siempre será mucho mejor no decir adiós) nos dejó mucho más que nostalgia. No porque haya sido extraordinaria sino porque allí se dejaron ver cosas de esas que marcan la personalidad de un hierro. Por ejemplo, los toros tuvieron un tipo definido, eso que tanto cuesta construir. Se presentaron como hermanos y no solo fue eso, lo parecieron. Fue parejo el encierro.

Hubo movilidad, otra de las constante de la Carolina a lo largo de estos años. Otro tema es que esa movilidad sirva, más o menos, a los intereses de quien hace uso de ella. Porque, claro está, no basta desplazarse. En términos de hoy, es mejor deslizarse. Igual, los ocho se movieron, ninguno se aplomó.

Algo más, dentro de las características de ese registro de nacimiento que creció con el tiempo,  se dejó ver bien claro: la pelea en el caballo. Los toros apretaron duro  y, menos mal, encontraron respuesta, como esa vara formidable de William Torres al segundo de la tarde, que trajo una ovación para recibirla desde el tercio.

Y asomó la calidad. Ahí está el caso de ese primero, con el que Alejandro Talavante hizo cosas de arte (quedémonos con los naturales hondos, aunque fue mucho más que eso)  que el frío natural del arranque del festejo y la lluvia de los exteriores se llevaron en sus alas, para desdicha de todos.  Ya el otro, quinto, no trascendió tanto, pero sí ondeó la divisa desde los medios, el terreno por excelencia de casi toda la corrida. Alejandro no encontró el lugar de la espada y los tres avisos cayeron como castigo. Pero esas palmas a su apresurada partida rumbo a la México, por encima de los pitos, señalan bien el ambiente que dejó.

El primero de Miguel Ángel Perera también entra en la galería de los notables. Parecía no tener las mejores hechuras para poder meter la cara, pero una cosa es la morfología y otra, bien diferente, la voluntad. Entre los dos, el extremeño y este de nombre ´Flechero’, edificaron una faena para guardar. Se puede torear largo, pero lo de Perera es largo y al cuadrado.  Y ahí está el mayor mérito del ejemplar, haber servido a esa causa, sin protestar, yendo hasta el lejano final en cada viaje que le trazó el gran triunfador de San Isidro 2014. Las huellas de las zapatillas de Perera quedaron ahí, como señal imborrable de esa torería que deja en la arena y de esa quietud que eriza. La oreja queda en segundo plano; la obra, en primera página. En otro, octavo, sacó nota baja, fue intrascendente.

Para Sebastián Castella las cuentas resultaron injustas. Lo que no le dio la Presidencia se lo dio la gente por esa sentida faena al séptimo, en donde vimos el percal convertido, de verdad, en sudario en cada verónica.  Se lo brindó a Santiago Uribe y rompió a torear por bajo con la derecha, mientras el toro acompañaba pronto cada cite. Sí, al final tuvo que obligarlo, pero no cabe duda de que el francés ganó la pelea.  Su primero, tercero de lidia, mostró un buen pitón izquierdo y por ahí pasaron los mejores instantes.  La espada se atravesó en el camino de algún trofeo.

Y los de Sebastián Vargas no desentonaron. En especial el inicial, para el que se pidió la vuelta al ruedo en el arrastre. El toro tuvo bondad y Sebastián pudo, de la mano de ella, templar y gustarse. El otro, sexto, tuvo más condición de manso. Tapándole la opción de que se fuera, Vargas sacó algunos muletazos.

Señores, que lo de La Carolina no sea más que un hasta luego. Muy pronto y junto al fuego, estoy seguro, nos reunirá otra vez eso para lo que ustedes trabajan y lo que nos lleva a la plaza, la bravura. Gracias.