Madrid, Las Ventas

Roca Rey abre la puerta grande

Redacción puerta grande

Foto las-ventas.com

Abril 19 de 2015

 

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Su tarde, toda su tarde, fue la explicación en vivo de las charlas que muchos apoderados dan antes de que sus poderdantes debuten en Las Ventas; como venir a Madrid. O mejor, a que venir a Madrid. El limeño, en ambos casos,  lo explicó con lujo de detalles. Llegó, consciente de lo  que quiere ser, fresco de ideas, capaz. Y a que vino?  A jugarse la vida, como se la deben de jugar los que vienen a Madrid en busca de su sueño. Como se la juegan, los pocos que saben que las aptitudes se venden con actitud.

Aptitudes no le faltan a Roca Rey. En su primer turno supo someter las embestidas temperamentales del novillo que poco castigó en el caballo. Fueron dos intensas series con la mano derecha, con la izquierda lo intentó  sabiendo que su destino era el de la voltereta, pero era Madrid y sabia, nunca lo olvido,  a que venía. Fea voltereta que lo dejó visiblemente mermado, se armó de raza (actitud) y remató la faena. Una serie más con la derecha y manoletinas. Estocada y la oreja que recompensaba el esfuerzo y que lo acercaba a ese primer sueño, la puerta grande.

Su segundo novillo,  un sobrero de José María López, fue, aún  más exigente.  Ante esta condición, el limeño dio muestras de más aptitudes; inteligencia, una muleta adelantada para ligar muletazos que fueron hondos y sentidos. Temple y empaque.  Pero antes,  tuvo que tirar de actitud para sembrarse sin dudas, una actitud que no abandonó y que le permitió aguantar dos volteretas y  tres cornadas. Herido,  cuajó  dos series más con su mano derecha con y sin ayudado,  que terminaron de poner de acuerdo a todos.   Su sangre, le puso un tinte heroico a su tarde y tras una media estocada llegó la segunda oreja que le abrió la puerta grande de Madrid. A eso venia, lo dejó claro desde que con su capote desafío en quites. No vino a buscar la suerte, a ver qué pasa, no, vino a desafiar su suerte, que es muy distinto.

Salió a hombros, herido, con una sonrisa a pesar del palizón que llevaba y con la bandera de su país. Había alcanzado su primera gloria, por el doloroso pero seguro camino que recorren los que quieren ser.

En una temporada de grandes novilleros, hechos, muy hechos, un peruano vino a Madrid, como hay que venir a Madrid, y les cogió,  unos cuantos pasos.

Tomás Angulo pudo haber cortado una oreja de su segundo novillo. Dio una vuelta al ruedo tras torear con clase al mejor novillo de la tarde. Su mano baja dio forma a dos buenas series con la mano derecha. Faltó más emoción en su faena, también a las embestidas del novillo. En su primero se jugó el tipo y se llevó una fuerte voltereta. Compitió en quites con  Emilio Miranda que también se mostró muy digno en su debut. Se llevó en el sorteo la papela más ingrata de la tarde, quiso, pero resultó imposible.