Aguascalientes (Mex)

José Tomás, cinco años Después

 

Resumen de prensa

Foto Efe, tomadas de internet

Mayo 2 de 2015

 

NOTICIAS

 

 

 

 

El torero madrileño regresó a la plaza donde hace cinco años una cornada lo puso cerca de la muerte, en un día  que supuso, también,  un recorte que parece ya ser norma en el número de sus actuaciones. Ayer, ante una expectación que solo él logra, cortó tres orejas, una al toro del regreso y dos a su segundo. En el tercero no sumó. Alternó con Eulalio López  El Zotoluco que pudo haber cosechado orejas, pero su espada lo privó de ellas. La corrida fue de la ganadería de los Encinos y Fdo de La Mora.

 

Resumen de prensa

 

Y José Tomás bajó a la tierra de fuego como Dios

por Zabala de la Serna de elmundo.es

Aguascalientes. Epicentro planetario del terremoto José Tomás. México, España, Francia, Colombia, Ecuador... La universalidad del toreo, que esgrime el filósofo Francis Wolff en defensa de la corrida de toros. De la Sorbona de París a 'Aguas' que se bebe a sorbos para el renacimiento de JT donde hace un lustro vació de sangre su cuerpo. Y los 21 gramos de su alma. A 38 segundos de doblar la esquina.

Un inmenso mural en la fachada de la Monumental recordaba el suceso que estremeció el mundo: las venas desbordadas, Aguascalientes en las venas. O algo así. Y en los medios, cerquita y lejos de donde 'Navegante' causó el estrago, una pancarta redonda y tendida decía: "Suerte matador, bienvenido a tu tierra". Como una sábana santa con su rostro anguloso impregnado.

Una hora larga antes la plaza ya se había casi llenado hasta las tejas. La previsión de lentitud de cacheos a la entrada se había adelantado con velocidad. En el ruedo, los mariachis de Napoleón estrenaban el pasodoble corrido de José Tomás: "Eres de España un estandarte, un caballero más". Como español y devoto de aquellas historias de caballería, un trago reposado estremeció las gargantas.

Cuando el maestro redivivo se hizo presente con un azul pavo y oro y un capote de paseo con símbolos aztecas, la impresión silenció la Monumental. Pero una vez roto el paseíllo rompimos en una ovación sentida en los pómulos.

Las canas de JT delatan la vida que se nos va. 'Guantero' fue el toro de la reaparición hidrocálida. Cárdeno como si también fuese cano. Hondo, redondo y sin humillar. Bruto. José Tomás a pies juntos cual estatua y el torazo abanto. La media verónica superior. La cuadrilla tomasista se ganó un fusilamiento al amanecer: de caballo a caballo le gastaron una broma más que dos puyazos. El matador se tragó un quite por chicuelinas por las hombreras. En banderillas apretó el de Los Encinos hacia la madera. Un mitin. José Tomás hizo aquello de pronto y en la mano. La izquierda. Embestía bruta la bestia. Pero por la derecha la enjaretó. Un pitonazo al pecho, que por ahí se movía. Qué buen torero en la arena... Rajado el mastodonte lo alivió por molinetes y le metió la mano hasta por donde pone Toledo en lo gavilanes. Aquella estocada sola valía la oreja.

¡Qué bonito tercero! Pero toro. Extraordinarias verónicas. Y superior faena. Así ya no se torea. Siento contagiadas las retinas de despaciosidad. El toreo a los vuelos ralentizados hasta donde la profundidad alcanza. La planta hundida, atalonada la figura, la cintura juncal, el pulso, las yemas y la muñeca y el viaje roto atrás. Un sueño. Aun a riesgo de la repetición: no se puede torear mejor. El estoconazo coronó todo. Dos orejas. Un renacimiento.

Para coronar la catedral José Tomás se meció a la verónica con el último. Desde la rodilla genuflexa a las muñecas y las yemas en pie. Una emoción que ascendió a los cielos antes de que el 'dios de piedra de Galapagar' descendiese a la tierra por Gaona. Su zurda fue cuna, templo y resurrección. Un reencuentro con la vida y el toreo. Los vuelos, la pureza hasta que el toro se rajó. Y allí lo despidió. 'La Novena' de Beethoven, idiotas. Un sólo pinchazo se interpuso en agrandar el marcador. Pero no se trataba de orejas ridículas como las que dais, la pureza ahí quedó. Para el más grande. Marcial murió en Nimes.

Zotoluco había templado despatarrado con un torazo voluminoso de Fernando de la Mora (580 kilos). Por alto la apertura y por abajo el toreo de las dos manos haciendo la buena y pachorra embestida hacia adelante. Eulalio es Dámaso sin péndulos pero con circulares invertidos y sin espada.

El toro de Los Encinos se lo brindó Zotoluco a José Tomás. Le vino a señalar con la montera el llenazo: "Es por ti la marea". Y se puso a torear de rodillas y de pie en espera de la noble y humilla embestida pero desigual. Le dio el toro para hacerlo bueno y aburrirlo. Carajo, ¡qué eternidad la del maestro en tablas ya! Volvió a atracarse con la espada.

El maestro Zotoluco anduvo a gorrazos con un quinto de Fernando de la Mora paradito y hueco. Largas de rodillas y alegría para la tristeza final. Otra vez fallón a espadas Eulalio. Lástima.

Nota: José Tomás cerraba un círculo vital. Yo cierro el mio. Un gozo la admiración al 'dios de piedra Galapagar'. Mejor no se puede torear.

 

'EL ECO DEL SÉPTIMO DÍA' por C.R.V. de mundotoro.com

Quién es JT. Un loco, un mito, su propia leyenda, un mago, un contador de cuentos, una prórroga de la esperanza, una chistera a la que no le envejece la paloma. El día de antes y los días después. Loco. Genio. El orden que se alimenta del caos, un mapa de cicatrices por las que le regresó la vida, un tótem exiliado, un hombre sin nombre, un ser normal que es superior. Lo contrario a lo que de él se dice, pareja de mus de Lucifer. El personaje que le falta a un cuento. O puede que sea el eco del Séptimo Día, el que, dicen, Dios descansó. Pero sucedió de otra forma. Dios miró lo Creado y dijo: me falta algo. Y creó el toreo. Creó el dos de mayo de José Tomás en Aguascalientes.

Ése es el eco que nos niegan. El del toreo como esperanza. Y negarla es negarnos la vida, pues la esperanza no es otra cosa que la vida peleando por ella misma. Esa pelea de José Tomás por torear que es vivir. Esa lucha esperanzada por vivir tras la cornada es torear. Así llegó a Aguascalientes. A cerrar un ciclo, a sellar un círculo, a pisar sobre la arena de su sangre. A regresarnos el eco del séptimo día. Flaco, como un Cervantes sin Don Quijote, azul pavo. Con los médicos departió en privado unos segundos elevado de las miradas y el paseíllo al lado del Zotoluco con la gente en pie, fue paseo de dioses hacia el final de un Olimpo. Bien elegida la corrida, hubo dos toros  de cuerpo europeo, grandes, uno bueno y otro complicado y bruto. El resto de hechuras ideales y de buena condición. Muy del sello de la plaza y de la tarde, metida en esa armonía del caos que se llama pasión.

Y los de José Tomás ofrecieron un abanico de movilidades, embestidas y exigencias que fueron diseccionadas por el torero. Tuvo la aspereza de la cara arriba y con intención de arrollar a querencia el de Los Encinos. El de Fernando de la Mora fue mexicano en su adn por calidad y exigencia de buen trato y el sexto de Los Encinos uno de esos toros ilesos en varas, de fuerte embestida hasta que entregó la cuchara en la poderosa muleta del torero.

Tuvo fases de angustia la faena al primero, pues trató de sorprender antes del primer cite, echó la cara arriba sin ir sometido . A la que JT se la echó a la derecha, pudo más. Se expresó mas. Venció al toro en tandas de ajuste y poder antes de una buena estocada. Ese toro no le había permitido lucir de capa a pesar de quitar por chicuelinas. El de Fernando de la Mora que salió con el celo escaso pidiendo ser cortejado sí le dejó torear por altaneras y un inicio de faena por estatuarios excelente. El toreo de seda sustituía al toreo de hierro. Derechazos y naturales ligados con limpieza que aumentaron en despaciosidad hasta negar el movimiento en una tanda al ralentí por el pitón derecho cuando Tomás se puso más cerca, tocó un poco por afuera y el toro, agasajado de buen trato, la tomó colocando la cara, haciendo la línea curva y terminando con uno de pecho increíblemente lento.

Ese toreo sin tiempo ni duración que terminó con un hermoso toreo a dos manos y estocada fueron a propósito de la tarde, rota ya a gritos de torero torero. Le faltaba a la tarde el José Tomás roto. El de la furia. El desatado. Y se nos vino encima en el ciclón inicial de las embestidas del sexto, una pintura de Los Encinos que salió ileso en varas tras tumbar al caballo. Los lances de recibo, primero pierna flexionada y luego a compás y ceñidos fueron de pedazo. El inicio de faena por abajo, muy por abajo, piernas flexionadas y ganando terreno hacia los medios, un espectáculo de poder. Tanto que ese inicio y la siguiente tanda rotunda hicieron que el toro bajara las ínfulas y nos mostrará su claudicación hacia tablas. Sinuoso y sin hacer indecorosa su mansedumbre como hace este tipo de toro. 

Y hacia querencia lo bordó José Tomás en molinetes enlazados en naturales y derechazos en faroles y remates con el público ya de pie enloquecido. Metida la noche. Era de rabo. Quizá. Pero pinchó y aquí eso es pecado mortal.
Las faenas de Zotoluco tuvieron momentos de buen toreo. Pasó bien de muleta al grandullón primero al que solo le faltó la ductilidad o flexibilidad que su cuerpo le negó. Pinchó una faena de cimas y simas al gran tercero y el quinto le duró lo que dura la felicidad en casa del pobre. Así las cosas sucedieron porque la tarde estaba escrita en el Séptimo Día. Ése en el que Dios cayó en cuenta de que a los montes y tierras y valles y océanos le faltaba algo. El toreo. Y lo creó en silencio a la espera de tardes como este dos de mayo.