Homenaje a Leónidas Manrique

 

Por Diego Caballero

Fotos archivo puerta grande

Mayo 21 de 2015

 

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El próximo 1 de agosto se le rendirá homenaje a Leónidas Manrique, uno de los toreros que hicieron parte del escalafón colombiano en los finales de la década de los años 70 y comienzos de los 80.   Pepe Manrique, su  sobrino, se ha encargado de la organización de este homenaje. César Camacho, el propio Pepe, Ricardo Rivera, Noel Pardo, Juanito Ortiz y el novillero Sebastián Gómez, harán el paseíllo en  las goteras de Bogotá para rendirle admiración a un torero que fue ídolo de la afición bogotana en su etapa de novillero  y que como tantos otros,  se tuvo que marchar, después de esperar una mejor recompensa a su esfuerzo.

 

Será, un día en el que Leónidas recuerde su paso por el toreo, los  caminos duros y empolvados, sus mejores tardes, La Santamaría,  los fracasos, las personas que estuvieron y los que aún siguen a su lado. Día,  para recordar y excusa para repasar  la trayectoria de un torero que ilusionó a muchos.  Un homenaje al torero que aparece en la foto que muestra a Gabriel  García Márquez dando la vuelta al ruedo en la Santamaría, una imagen con la que los nuevos aficionados,  supieron de un  torero llamado Leónidas Manrique, el tío de Pepe.

Pero antes de que Manuel H lograra esa imagen, la historia de Leónidas Manrique ya  había pasado varias hojas.

En estos días previos a su homenaje, Leónidas recordará,   que  junto a sus  amigos de aventura pasó muchos días en el matadero distrital, intentando faenas imposibles al ganado de carne y a los cebús que llegaban para el sacrificio. Para él, no solo era el lugar para jugar al torero,  era casi su hogar  pues su padre trabajaba en ese lugar, por lo que, además, tenía el privilegio de dar más muletazos, mientras sus amigos hacían fila hasta que el hijo de Don Leónidas, como también se llama su padre, "rematara" sus faenas.

Tantas tardes  en el matadero, le permitieron llegar aventajado a las plazas de toros. Claro,  que las primeras veces no  lo hizo de vestido corto ni mucho menos de luces.  Lo hizo vestido de súper héroe en la cuadrilla cómica de Don Rodrigo.  No había más oportunidades y lo que quería era estar en una plaza de toros. Aunque esta fuera de lata y madera.  Las faenas en el  matadero le enseñaron a "torear" las malas embestidas que se habría de encontrar y también, a robar algún muletazo cuando la situación lo permitía. Antes de que llegara el primer vestido de torear, Manrique ya había recorrido medio país con su capa de héroe, en una gira iniciada en la misma Santamaría de Bogotá.

Tras lucir el traje de justiciero por cuatro años, Leónidas pudo por fin  colgar la capa de súper héroe para ponerse el traje de luces, el que se ponían sus verdaderos héroes, los toreros.  Lo hizo con  quince años para debutar en Medellín. Días más tarde y en la  parte seria del espectáculo cómico El Empastre, la mítica Banda española que tantas plazas llenaba, debutó en Bogotá. Fue, en la navidad del año 1966, su éxito aquella tarde, le permitió recorrer las principales plazas del país, actuando  como el novillero colocado  de aquel espectáculo cómico y en otras tardes, en las que actuó como compañero de cartel de la rejoneadora Amina Asís, quien era  todo un suceso por aquel entonces.


Al año siguiente y  apoderado por Rafael Pérez, al que llamaban Chiquito Pérez, se presentó con picadores en La Santamaría de Bogotá. Manrique con 16 años, actuó y triunfo en varias de las novilladas celebradas en la capital. Su salto de la rana imitando a El  Cordobés, al que había visto un año antes en la misma plaza, enloqueció a  los aficionados que domingo tras domingo llenaban las plazas. Se hizo un ídolo de la Santamaría, no solo esa temporada,  también en las tres siguientes, obteniendo el máximo trofeo otorgado al triunfador, la oreja de oro que por entonces era el visado para ir a España. Manrique se llevó dos para su casa.

Recordará  Leónidas, que para despedirse de “su” Santamaría, tuvo el gesto de anunciarse con seis novillos de Campo Pequeño, ganadería del Maestro Pepe Cáceres que ese día tomaría antigüedad y que tenía todo por descubrir. Afortunadamente Dios cuida a sus inocentes y salió un buen novillo al cual indultó. Fue el quinto novillo de aquella tarde de mayo de 1971. Al día siguiente,  con su maleta y un vestido de torear,  comprado a Miguel Márquez,  se marchó a España.

Toreó las 10 novilladas reglamentarias sin picadores que exige el reglamento español para aspirar a hacer el paseíllo con los del castoreño. Lo hizo,  bajo el amparo de otro espectáculo cómico, el de El Chino Torero,  su destino le seguía recordando sus inicios en medio de un mundo del que han surgido figuras del torero. Recordará Leónidas, que en estas novilladas se anunció como El Petaca de Ubrique, para poder pasar como español y no dar problemas a Don Manuel Pérez Luque, como se llamaba El Chino Torero.

Su carrera,  iniciada de manera tan precoz, con el tiempo tuvo que dar paso a la espera. Solo después de tres años de haber pisado tierras españolas, pudo debutar con picadores. Fue en  Santa Cruz de Tenerife, ya cuando el año 1974 se despedía. Aquella tarde alternó con Luis Francisco Esplá  y Macandro. Un año más tarde llegaría su debut en Las Ventas de Madrid, el 15 de agosto de 1975.  Leónidas recordaría aquella tarde  y  lo recordara ahora, que ese día pasaba de torear en el corral del matadero a torear en la catedral del toreo. Que aquella tarde se conmemoraba el  día de la virgen de la paloma y que dio una vuelta al ruedo tras lidiar un novillo de la ganadería de Marín Marcos. Que la empresa prometió volverlo a poner y que cumplió. Fue, de las pocas veces que en su carrera, sus  esfuerzos se vieron recompensados y las empresas le cumplieron.

La promesa se cumplió un mes después, el 14 de septiembre. Ocho días antes había visto desde las gradas del coso venteño, la despedida de un torero de todos, de uno que se marchaba aburrido por la falta de contratos a pesar de haberse inmortalizado con un toro blanco y de  llamarse Antoñete. Era su primer adiós.


Debió pensar Leónidas,  que si semejante torero se marchaba por falta de contratos, que podía esperar él, un novillero venido de Colombia sin más compañía que su valor y sus ganas. Fue esa compañía la que sacó a relucir en su repetición en Las Ventas en una tarde de lluvia. Debió gustar,  porque la exigente pluma de Federico Sánchez Aguilar, en la  revista El Ruedo, le dio el titular de la crónica…MANRIQUE PUEDE SER TORERO…sin más y así de tajante.  Su espada lo dejó sin premios, pero con una nueva comparecencia firmada.  Repitió el 21 de marzo del año siguiente ante novillos de Maribañez, no solo no hubo orejas, Manrique se marchó con la femoral rota y con la medalla, la triste medalla de llevarse la cornada más grave de esa temporada. Tres  meses después haría su último paseíllo en Las Ventas para lidiar una novillada de Martin-Peñato,  el día de corpus Christi, fue una tarde para sudar la taleguilla, según afirman las crónicas.
 
Recordará Leónidas,  que fueron cuatro tardes en Madrid, que una sola vuelta al ruedo le valió para hacer el paseíllo tres tardes más, algo que pocos cuentan. Como también recordará,  que tuvo que pasar más de un año, después de su última tarde en Madrid,  para recibir la alternativa.

Fue cerca de Madrid, en Cercedilla, el 10 de septiembre de 1977. Miguel Márquez,  al que con los ahorros de sus primeras novilladas, le había comprado un gastado vestido de torear, fue el encargado de darle el abrazo y convertirlo en matador de toros. Antonio José Galán sería el testigo de la ceremonia. Los toros, de la ganadería de Cesáreo Sánchez.

La alternativa suponía, también, regresar a Colombia tras cinco años alejado de la familia, del calor las feria de su tierra y de de aguantar inviernos fuera de casa.  La feria de Cali, fue la primera estación al regresar. El 30 de diciembre Leónidas cortó dos orejas a un toro de Félix Rodríguez, fue su única tarde en Cañaveralejo. No regreso.

Algo similar paso en Medellín, en Manizales nunca contaron con él. Confirmó su alternativa en La Santamaría el 5 de febrero de 1978 de manos del mexicano Rafaelillo.  Leónidas, recordará que  10 meses después, repitió actuación en la plaza que había sido suya en su etapa de novillero, que alternó con Mariano Ramos, con José María Manzanares y con  Jorge Herrera. Fue uno de los carteles estrella de aquella temporada.  Recordará que solo embistió un toro de Abrahán Domínguez, que lo sorteó Manzanares y que desde ese día, La Santamaría se enamoró del toreo del alicantino.  Volvería a la plaza de sus sueños, La Santamaría, aunque ya fuera de temporada y alejado de carteles de relumbrón. Triunfaba y escuchaba las promesas de nuevos contratos en las ferias, nunca llegaron.  Sus temporadas,  se redujeron a las plazas de provincia donde acompaño a Pepe Cáceres y a Jorge Herrera en la apertura de nuevas plazas.

El próximo día 1 de agosto, cuando Leónidas se acerque a la plaza donde sus amigos le harán el homenaje, pensará que todo valió la pena,   a pesar de las promesas incumplidas y de que los sueños a veces se cumplen a cuotas.  Recordará Leónidas, que a pesar de que el camino no fue fácil, se recorrió. Recordará con orgullo, que a pesar de quedarse solo en  España,  porque su apoderado Rafael Pérez lo dejó a la mano de Dios, pudo hacer el paseíllo en Las Ventas cuatro veces y se ganó su alternativa.   Recordará eso y mucho más, con su conciencia tranquila  por haberle dado todo a su profesión, la misma que ha enseñado a tantos sin el menor rencor. 


El homenaje, fue nuestra excusa para contar que pasó antes de la tarde en que Manuel H tomó la foto de  García Márquez  dando la vuelta al ruedo en La Santamaría, al lado de Leónidas Manrique y del ganadero Ernesto Gutiérrez Arango. Después de aquella tarde del 1983, pasaron pocas cosas en su vida de torero y empezaron a quedar los recuerdos y los amigos, los mismos que con seguridad,  asistirán  a la cita con el torero que un día, en el matadero distrital, soñó con ser figura del torero.


Ese día, Leónidas  sumará un recuerdo más.  Estos, al contrario de los sueños, nadie se los podrá arrebatar.