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Fernando Robleño  saludó la única ovacion de la tarde.  Premio, en parte, a sus estocadas, en una tarde de poca historia en la que Serafín Marín  y Luis Bolívar (en la imagen) no pudieron sobreponerse a las circunstancias que plantearon sus toros y la tarde. la corrida fue de Baltasar Iban. Se lidió en sexto lugar un sobrero de Torrealta. Resumen de prensa

 

Premio de Montaña
José Miguel Arruego mundotoro.com

Coincidiendo con el final del Giro (Enhorabuena a Contador), arrancaron las etapas de montaña en la Feria de San Isidro. Una semana con el toro como protagonista que tuvo en su primer capítulo una corrida de Ibán muy seria por delante, suelta de carnes y fina de cabos, que apuntó cosas buenas aunque en su mayoría le faltó fondo para poder acabar de desarrollarlas. El animal que dio la bienvenida la tarde fue también el de mayor duración y frente a él Robleño consiguió los pasajes más celebrados del espectáculo. Además, las estocadas del de San Fernando de Henares contarán entre las mejores al final del ciclo. Serafín sorteó los dos toros que más pronto se aplomaron mientras Bolívar hizo un esfuerzo notable, y no del todo reconocido, tanto con el primero de su lote, que como fue tónica general del encierro se vino pronto a menos, como frente al sobrero de Torrealta que cerró plaza, que fue agriando su comportamiento conforme se desarrolló la lidia.

Tuvo la corrida de Ibán cosas muy buenas, aparte de su pareja y respetable presencia. La mayoría acudieron y tomaron los engaños con prontitud y fijeza, y su embestida fue seria y fuerte, y además por abajo. Pero salvo el que partió plaza, que se vino a más en su comportamiento, el resto de ejemplares echó el cierre mediado el trasteo, justo cuando éste debía definirse en uno u otro sentido. Si el primero fue el de mayores virtudes, segundo y quinto fueron los que menos duraron y entre medias, tercero y cuarto, que fueron el tono medio de una corrida de ese mismo tono. El sobrero sexto de Torrealta engañó a parte del público, que se fijó más en su movimiento que en la altura a la que llevaba la cara. Y como no reconocieron las dificultades tampoco acabaron de valorar el esfuerzo de su matador Luis Bolívar.

Algunos dirán que Fernando Robleño sorteó el mejor lote, pero en el comportamiento de ambos astados tuvo mucho que ver la actitud del torero madrileño. Sincero, solvente, aplicando oficio y madurez, se ganó a la parroquia desde un apuesto quite por saltilleras a su primero. Respondió mejor el toro siempre por abajo y la faena cogió fuerza cuando Robleño, en el ecuador de la obra, apretó al animal por ese pitón en tres series de una obra recia y firme, que, como la embestida del toro, acabó de modo creciente. Una estocada cobrada en rectitud y con seguridad le valió para saludar la única ovación de la función.

El cuarto fue un cinqueño cornidelantero y estrecho de sienes. al que el torero se sacó a los medios con mucha gracia y compás. Las primeras series resultaron ligadas y tuvieron la intensidad que proporcionó el toro en la embestida, y que perdió cuando en la tercera serie el toro comenzó a tardear y a no despegarse de los vuelos. Robleño le ganó un paso en cada muletazo con habilidad pero la obra, a pesar de la decisión del torero perdió fuerza continuidad. Otra gran estocada dejó las espadas en alto para el segundo compromiso de Robleño en el abono, con los toros de Cuadri, dentro de 48 horas.

Había humillado y se había desplazado con tranco el tercero. Por eso Bolívar le dio metros e inició faena con una pedresina en la boca de riego. A pesar de no acabar nunca de ir metido en los vuelos, tuvo el toro codicia y empuje y el principio de faena de Bolívar, mucha emoción. Cuando el toro perdió ímpetu la faena bajó el diapasón, a pesar de la buena actitud del colombiano, que pese a la firmeza y el aplomo con que planteó la batalla, se quedó sin reconocimiento. Tampoco la tuvo en el sexto, un jabonero cinqueño de Torrealta que suplió al titular, lesionado en los lances de recibo.

Tuvo movilidad el toro de Borja Prado, pero quizá por su constitución, alto, aleonado y algo montado, siempre pasó sin humillar. Le cogió pronto la altura y la distancia Bolívar y manufacturó tres series muy enraizado en la arena, ligando con habilidad e inteligencia sobre la mano derecha, porque era un arco de iglesia hilvanar muletazos sin que el astado te tropezara el engaño. Sin embargo, por la zurda además de embestir a la altura del corbatín, el de Torrealta no pasó del embroque y derrotó con mal estilo. Y pese a la actitud del colombiano, que volvió a intentarlo con dedicación sobre la derecha, la faena nunca remontó.

Serafín Marín cumplió sin brillo en su primer paseíllo en el abono. En sus manos cayeron los dos toros que menos posibilidades ofrecieron, un castaño astifino y bajo que se afligió en un suspiro y un cinqueño descarado y agresivo que embistió sin ritmo ni entrega. A su primero aún le pudo ligar tres naturales de largo trazo antes de consumirse, mientras en el parado quinto, las protestas del publico le instaron a desistir de prolongar una faena sin visos de éxito. Cerrara feria el catalán con otra etapa dura, la de Miura, dentro de siete días, otro Mortirolo en una semana de culto. De culto al toro.

 

Seria tarde de Robleño con los ibanes

Zabala de la Serna elmundo.es

Una nube negra como una chapela se puso sobre Las Ventas. El bochorno bajo su protección, el verano prematuro. Como para que a Félix Vázquez se le marchite la fruta en su huerto dorado de la calle Ayala. Fernando Robleño maduró su faena sin prisa. O maduró el toro de Baltasar Ibán. Agradecido de nombre. Y en verdad que lo fue con su buena cara y su estrecha culata. Robleño ya lo había tanteado con el capote sin más. Después de las dos varas, y antes, se sintió su contado poder. Un quite por saltilleras provocó alguna sentadilla más. El toreo por alto para los toros de fuerza trémula no ayuda, sino quebranta. Con lo que no contaba FR, ni nadie, es que la bravura remontaría su condición física. De principio, aquel prólogo bien andado de la media altura. Y la lógica decía que lo necesario sería no obligarlo para que no perdiese las manos. Pero el problema imprevisto es que 'Agradecido' quería la muleta por abajo y sin violencias del toque.

La izquierda halló el punto sedoso por abajo, y desde ahí el 'ibán' empezó a crecerse sólo que por la derecha de Robleño y no por la mano del descubrimiento como el sentido sugería. Ligó el matador de San Fernando (de Henares) dos tandas de encaje, hasta que se fue a por la espada. Y ya con la espada intentó de nuevo el natural... Una estocada de feliz ejecución y superior colocación impulsó la salida al tercio.

A Serafín Marín le tocó un castaño recortado hasta la concentración que siempre pareció contar con unos apoyos malos, como abiertos los cuartos traseros. Las telas de Marín salían tropezadas desde las verónicas. Mantuvo el toro de Baltasar Ibán un comportamiento singular, encelado en el caballo pero antes y más tarde con inclinaciones hacia chiqueros. El 'más tarde' fue a últimas de una obra en la que sostuvo el taponazo final, que el catalán eludió en unos naturales de nota con el de Ibán ya rajado. La estocada no arregló la difusa imagen de Serafín. Es curioso Madrid. De salida pitaron, y no sin razón, al lavado y más altito tercero para acabar ovacionándolo en el arrastre con menos razones y algunos motivos. Luis Bolívar se había manejado con soltura con el capote en el saludo y en el quite floreado. Un desarme absurdo de última hora no hacía justicia a su paso. Raúl Adrada banderilleó con espectacularidad.

Bolívar agarró la muleta en cartucho de 'pescao', se fue a la boca de riego y citó de lejos. Como un obús se arrancó el vivo toro de Baltasar, tan recto que el colombiano rectificó para soltar la dosantina. Las series primeras por el pitón derecho siguieron con la generosidad de los metros concedidos y la chispa que LB canalizaba por abajo y remató, en una de ellas, con un cambio de mano muy torero y un enorme pase de pecho. Pero por la izquierda ya sería otro cantar, siguiendo con la dificultad (incrementada) de poder ligar. No me digan por qué pero algo cambió desde este punto de la faena. O el toro continuó viniendo sin irse o Bolívar le perdió, y perdió, el aire. O las dos cosas. Al final, la ovación en el arrastre para Provechoso, que nació al ruedo de Madrid protestado...

La segunda parte de la corrida se había cargado con los tres toros cinqueños y de mayor trapío, lo que no se hacía difícil, de los tres primeros. Robleño volvió a tener un puesta en escena seria, sincera y sin concesiones. El cuarto traía el trapío por delante y esas dos velocidades que marcó mucho el comportamiento de los ibanes, ese paso dormido hasta llegar a la muleta y esa aceleración de embestida desde el embroque. A Fernando Robleño no le tocó el engaño ni una vez en el trío de series diestras que duró. Luego se apagó y el matador volvió a ejercer como tal con otra estupenda estocada. Contarán entre las mejores de la feria.

El aparato y las velas que por delante llevaba el quinto se ganaron las ovaciones de la plaza que entra en semana torista. Pero, tras unas arrancadas a la muleta de Marín, se vino abajo tanto como Marín, que tal y como hizo el paseíllo parecía anunciarse en el matadero en lugar de en Madrid...

Se lesionó el sexto y apareció un sobrero de Torrealta cinqueño, jabonero sucio y montado como a tramos. Una alzada de cuidado. Lo protestaron. O por feo o por ser el padre de aquellos que no se protestaron. A su altura, que no era escasa, Luis Bolívar lo llevó tapado y largo en una triada de tandas de derechazos de notable conducción, dicen ahora. Pero como si se repitiese la jugada, por el izquierdo cambiaron las tornas. Por ahí el toro se remontó por el palillo. Bolívar perdió el hilo. También en su regreso al supuesto pitón bueno, que ya se sentía el amo de la caverna. Desdibujado el colombiano.