Escribano corta la última oreja de la feria

 

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Resumen de Prensa

Foto Efe, tomada de internet

14de julio 2015

 

 

 

Manuel Escribano se llevó el último premio de la feria, su  disposición y su valor le permitieron encontrar respuesta en el palco, en su primer toro. Luis Bolívar se mostró firme en su primer toro, pero no acertó con la espada en el primer encuentro. Salvador Cortes que regresó a Pamplona no tuvo mayor fortuna y su tarde con los de Miura se fue entre avisos. Resumen de prensa

 

Zabala de la Serna, elmundo.es

Último paseíllo en Pamplona con matadores y cuadrillas descubiertos en protesta por los ataques del frente popular a la tauromaquia. El mismo efecto va a tener que la reivindicación de Miguel Criado de su cuota de culpa en la desastrosa presentación de Garcigrande. Y en la Feria del Toro. En lo bueno y en lo malo, como los votos matrimoniales: en la salud y en la enfermedad. Así el cardenito y flacón miura de apertura de la corrida del 'Pobre de mí'. Cárdeno como últimamente todos los miuras de Zahariche.

Manuel Escribano se fue a saludarlo a la puerta de toriles. Tanto se abrió el toro que la larga cambiada se le pegó al aire. Otra libraría en el tercio. En banderillas acongojó el tercero par al quiebro por los adentros. El que nace sentado Escribano en el estribo. Escapó de purita chiripa. Tremendo el tipo. El miureño carecía de poder y fondo, que no de bondad, así que el sevillano le dio fiesta en series cortas. Mayormente por la derecha. Y alegró la cosa de rodillas y con un desplante en pie en el mustio final de la embestida. Espadazo y oreja al canasto.

Humilló menos, o nada, el más alto segundo de playera cabeza. Pasó por todos los tercios sin nota. Luis Bolívar lo entendió a su altura, como sin molestarlo. A su altura era por el palillo. Iba y venía como un tranvía que cumple su recorrido enganchado a su catenaria.

Cuando Salvador Cortés apareció anunciado en los carteles con la corrida de Miura, la sorpresa fue mayúscula. Cuando se presentó en el ruedo fue todavía peor, con una imagen de torero fondón, como si de pronto se le hubieran acumulado los años, los kilos y los miedos. Navegó hasta el naufragio con un miura largo y huesudo como 'Rocinante' que apenas contaba con viaje y vida. Las escenas del descabello fueron para olvidarlas, tapada la muerte y desbocados los nervios. Dos avisos que pudieron ser tres.

La lámina del cinqueño cuarto reunía la más pura y bella esencia de Miura: un cadillac cárdeno que casi le arranca la cabeza a Escribano otra vez a portagayola. Expuso el torero varias veces su vida a lo largo de la tarde a puro pelo. Como en el par de banderillas en que le cambió el sentido de la arrancada para encontrárselo en el pecho. La reunión del quiebro y el violín no tuvo tanto ajuste. Jugó con el toro y su galope en carrera. Un galope que no se tradujo en entrega en la muleta con los testarazos de la bestia a la defensiva. El valeroso oficio del matador de Gerena se prolongó hasta el aviso en trabada labor.

Como una explosión sonó el estrellón del negro e imponente quinto contra el burladero. Saltaron chispas e hilos del pitón. Tomaría nota de los dos duros puyazos mi amigo Purroy. La acorazada del castoreño se ha aplicado a conciencia en esta feria. Otro miura en terrenos de nadie, correoso y desagradecido con Luis Bolívar, que mató por arriba. El toro se tragó la estocada como la ballena a Jonás y hubo que usar el verduguillo.

De tal modo se ha disparatado el trapío del toro en Pamplona, que los propios miuras ya no llaman la tanto atención entre los trenes de Victoriano del Río o los mismos galafates del Conde de la Maza. Antes había una diferencia muchísimo mayor. Digamos que 620 como el último ahora pesa cualquiera. Cortés tuvo suerte porque en el sexto habitaba la paz. Se dejó hacer más que otros y como otros no se comió a nadie. El mitin con los aceros se repitió.

Que el año que viene vuelva a quedar la enfermería sin estrenar. Agur.