La apasionante feria en el ruedo de San Miguel de Bolívar (Ecuador)

 

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Texto y Fotos Rodrigo Urrego B.

 

30 de septiembre 2015

 

 

 

El ecuatoriano José Antonio Bustamante fue declarado triunfador de la feria Arcángel Miguel, en San Miguel de Bolívar, Ecuador. Cortó tres orejas y salió a hombros junto al mexicano José Luis Angelino, que cortó dos. Ricardo Rivera pasó de una petición de indulto a un aviso.

 

Si las circunstancias del toreo en Colombia emporaron tras el cierre de la plaza de toros de Santamaría, en Ecuador, la prohibición –vía referendo- de la muerte de toros en la plaza de toros de Quito, tuvo consecuencias más lamentables.

La feria del Jesús del Gran Poder, que se daba en la capital ecuatoriana entre el 30 de noviembre y el 6 de diciembre, no solo era la principal vitrina del toreo ecuatoriano, sino que alcanzó a ser considerada, en una época no muy lejana, la mejor feria de América. La plaza de toros Iñaquito, inaugurada entre otros por Pepe Cáceres en los años 60, era algo más que el corazón del toreo en Ecuador. Sustentaba casi que el 70 % del mercado taurino de ese país.

Desde que se impuso en Quito el referendo promovido por el presidente Rafael Correa, la actividad taurina en Ecuador apenas sobrevive con muy pocos festejos. Juan José Sanmartín, un banderillero colombo ecuatoriano, que en 2009 llegó a pisar plazas como Bogotá y Cali, lamenta haber regresado a su país de origen, pues asegura que en Colombia se toreaba mucho más.

Pese a ello, el fervor taurino se mantiene intacto en diversos rincones del país. Ahora mismo, Ambato y Riobamba parecen disputarse el lugar dejado por  Iñaquito, hay otros tantos pueblos en los que el toreo es el único espectáculo que supone entretención para sus gentes.

En San Miguel de Bolívar, un pequeño cantón de la provincia de Bolívar, enclavado en la cúspide de una montaña, y de tan solo 5.000 habitantes, la feria taurina Arcángel San Miguel es el acontecimiento del año.  Sus carteles buscan incluir toreros internacionales. Varios españoles como Ambel Posada, y colombianos como Sebastián Vargas han hecho el paseíllo en la plaza de toros Luis de Mora Jarrín, la edificación más grande que tiene el pueblo. 

Tres toreros con diferentes circunstancias se disputaron este año el trofeo Arcángel San Miguel. José Luis Angelino, mexicano con  importante cartel, con casi 20 años de alternativa en los que ha conseguido triunfos en la Monumental de México, y en el resto de plazas de importancia en su país. Ricardo Rivera, colombiano, que tras su lesión completaba su cuarta corrida desde el mes de julio. Y  José Antonio Bustamante que apenas sumaba su tercera corrida desde su alternativa en febrero del 2014, en la feria de Ambato.

Los seis toros del encierro pertenecían a las ganaderías colombianas de Ambaló (4) y Lalo Valencia (2). Toros que literalmente tuvieron que soportar una larga travesía: atravesar el Cauca, Nariño, pasar la frontera y cruzar Tulcán, Ibarra, Quito, y desde la capital 250 kilómetros más al sur de la mitad del mundo. Varios kilómetros bordenado el espectacular volcán nevado del Chimborazo.  Los toros, sin duda, se vieron afectados por las horas de viaje.

Los tendidos de la plaza, aproximadamente para 1.500 personas, se llenaron. Y en ellos se confundían rostros de campesinos, niños,  jóvenes, hombres y mujeres de cualquier condición. Si la afición de Ecuador es como la San Miguel, habrá que decir que se emociona con el buen toreo, respeta al máximo al torero, lo idolatra, y sobre todo va conviritiendo los tendidos en una auténtica fiesta a medida que van saliendo los toros.

El colombiano Rivera pudo dar fe de eso. Su primer toro, un castaño de Lalo Valencia, lanzaba oleadas, y tras espantarle las moscas, y tres intentos con la espada, recibió una rotunda ovación, pues el público entendió que ante ese animal el toreo era impracticable. En Colombia, seguramente, otra hubiera sido la reacción. 

Y más aún Angelino y Bustamante. El primero cortó una oreja a cada uno de sus toros de Ambaló. Dio espectáculo en banderillas, y con un sobrado oficio, no se despeinó para sacar pases de todo tipo, en sus dos toros, a los cuales mató de contundentes estocadas.

Bustamente, con menor técnica y rodaje, pero con esos deseos de quien juega de local y quiere hacer respetar su patio, consiguió el botín de las tres orejas. Tuvo la voluntad de torear en redondo pero no consiguió ligar. Su primero, de Lalo Valencia, que se defendió en las tablas, quiso ponerse cerca y entusiasmar con alardes y desplantes. La ultima faena de la tarde anduvo por la misma tónica, y el público que ya había armado una menuda pachanga en los tendidos lo premió con dos orejas.

Aparte de estos dos matadores, hubo un triunfador rotundo. Hernando Torres el San Miguel,  banderillero  nacido en este pueblo, y el que más lejos ha llegado en el toreo. Cuando agarraba las banderillas la plaza, literalmente, se levantaba. Y se encargó de deleitar al público con un par al hilo de las tablas. Angelino y Bustamante lo invitaron a banderillear, y este subalterno, que una vez actuó en Bogotá a las órdenes de Cruz Ordóñez, se desmonteró cada vez que intervino con los palitroques.  

El capítulo más emotivo de la tarde fue el que protagonizaron Ricardo Rivera y ‘Perdigón’ de Ambaló. Tanto que los olés del público opacaban las notas de las marchas de la banda de músicos, o “trompudos”, como los llaman en Ecuador. Fue de esas faenas en las que el toro embestía cada vez mejor, y el torero arriesgaba para pasárselo cada vez más cerca de su cuerpo. A mitad de una tanda Rivera hizo dos cambiados por la espalda que levantaron la plaza, y terminó acariciándole la frente al finalizar esa misma serie. Y la emoción fue tal que el público empezó a reclamar el indulto. El torero caleño no hizo caso de aquellos cantos de sirena, porque la verdad sea dicha, el toro no era ni mucho menos para ponérselo a las vacas. Por eso, antes que un triunfo sin espada, decidió volcarse sobre el morrillo. Se tiró a tal punto que el toro le dio con la testuz en la cara. La espada entró entera, el toro aguantó la muerte. Tres golpes de descabello terminaron con la vida de Perdigón, y Rivera pasó de la posibilidad de indulto a un aviso.  

Sin embargo, al final de la corrida, y mientras se iban a hombros Angelino Y Bustamante, una tropilla de jóvenes se tiraron al ruedo y secundaron al colombiano que salía por sus propios medios, ellos habían dado su veredicto.

La fiesta en Ecuador se resiste morir, y aún hay rincones en ese país donde el toreo despierta tanta pasión como en San Miguel de Bolívar.