Ramírez corta la única oreja

 

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Texto y Fotos Diego Caballero.

 

10 de octubre 2015

 

 

 

Gran entrada, más de ¾ del aforo de la plaza se cubrió para presenciar una novillada sin caballos. Se anunciaron seis noveles que se enfrentaron a seis erales de la ganadería “La Torre” que debutaba en esta plaza. Una novillada con dos ejemplares para destacar, los corridos en quinto y sexto lugar, los anteriores tuvieron en común la falta de casta.


Cuando el clarín anunció la salida del quinto  novillo de la ya oscura tarde, se encontraba frente a toriles un novillero, que de rodillas, se disponía a recibirlo para demostrar sus intenciones.  A partir de ese momento la euforia  contenida del público en el resto de la tarde y que salía a cuotas y con entusiasmo ante el mínimo gesto, pudo estallar.


Luis Miguel Ramírez, a porta gayola,  cambio el sino de una tarde de la que fue el triunfador. A su gesto frente a la puerta de chiqueros, le siguió el manejo de un capote afanoso de triunfo.  Luego, su muleta logró muchos muletazos por los pitones del mejor novillo de la tarde, algún muletazo o varios tuvieron el suficiente contenido, como para abrirle la puerta de la esperanza a un novillero que fue sinónimo de frescura, fue él y en tiempos de faenas prefabricadas, es de agradecer que un novillero empiece por parecerse a sí mismo. Esa fue su clave en la tarde. Su sinceridad caló de gran forma en el público, al que no le importó que un pinchazo antecediera una afectiva estocada. Pidieron y lograron,  la oreja para el novillero.

También se pidió con fuerza  el premio para Miguel Román, que al igual que su compañero que lo antecedió,  cruzó el albero para plantarse   de rodillas y esperar a su novillo. Hasta cuatro largas cambiadas logró como saludo. Su arrojo tapó sus deficiencias técnicas y muchas veces o casi siempre se vio a merced del novillo que repitió con celo su muleta. Román que debutaba, contagió de entusiasmo a los asistentes que vibraron con lo que el novillero, siempre entregado,  pudo conseguir. Su espada acertó a la primera y la gente en pie,  solicitó al presidente un pañuelo que no se asomó. Dio una vuelta al ruedo.

Mauricio Salas pudo haber cortado una oreja si su espada encuentra sitio. De sus manos llegaron los mejores momentos de la tarde. Su capote, por verónicas,  y su muleta,  mostraron un concepto de buenas maneras que no pudo tener mayor continuidad porque su novillo, en tablas, se lo pensaba para seguir las telas.  Salas insistió con fe, una y otra vez, para poder dejar muletazos, como los que con su mano izquierda y de frente, logró casi al final de la faena.


El cuarto novillo de la tarde fue el más complicado, ante él, Sebastián Hernández pudo demostrar que tiene valor, como el que tuvo que poner para intentar robar una tanda de muletazos que no podía  ser. No había forma. Se llevó una fea voltereta.

José Luis Vega abrió la tarde con un novillo que tuvo calidad, pero al que le faltó fuerza. Con él, Vega se mostró por momentos con algún muletazo de gusto, como con su capote. Siempre quiso y al final de su faena se puso de rodillas para avivar las gargantas. El público con palmas, agradeció su labor.

Sebastián Gómez, que se anuncia El Bogotano, se mostró variado con el capote. Un quite por chicuelinas ilusionó, pero tras el brindis, su actuación no cogió vuelo a pesar de que hizo sonar la música.