Toros y Ciudad: lleno en los tendidos, vacíos en el ruedo

 

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Texto Rodrigo Urrego

Fotos Diego Caballero y Rodrigo U.

13 de octubre 2015

 

 

 

Manizales lleva tiempo reclamando la condición de “capital” del toreo en Colombia. Sobre todo desde hace tres que la plaza de toros de Santamaría fue “secuestrada” y “clausurada” por los caprichos de un alcalde. Pero cada día, la afición de Manizales suma y suma argumentos para considerarse el epicentro del toreo en el país. La más reciente muestra las grandes asistencias del pasado fin de semana, un llenazo incluido, en una nueva edición del serial Toros y Ciudad.

La masiva concurrencia de espectadores, sin embargo, no tuvo la misma reciprocidad en el ruedo. Una corrida de toros y una novillada con picadores ofrecían un lugar en la prestigiosa feria del Café, en la primera semana de enero. Y a los toreros les costó una enormidad convencer a la afición y a un jurado para alzarse con un lugar en la gran cita en la Monumental de Manizales. De hecho, hay quienes han reducido el balance de toros y ciudad a señalar que, en los tres espectáculos, solo se cortó una oreja, se escucharon 17 avisos, y cuatro toros volvieron vivos al corral. Las cifras a veces esconden realidades, pero en este caso fueron fieles a lo sucedido en la arena.

Declaran desierto el premio al “mejor matador”

El domingo 11 de octubre, cuando se celebraba un nuevo aniversario de la fundación de la ciudad, seis toreros nacionales tenían, más cerca que nunca, la posibilidad de entrar en una gran feria del país. Los seis arrastraban circunstancias parecidas, pues llegaban con muy poco fogueo a disputarse esta gran oportunidad.

Probablemente ni César Manotas, Noel Pardo, Leandro de Andalucía, Santiago Gómez, Sergio Blanco o David Martínez habían estado tan cerca de su sueño de torear en una de las ferias más importantes de América. Se presumía que saldrían al ruedo de Manizales a raparse a dentelladas el cupo para la feria. Pero no sucedió. Destaparon numerosas falencias, y ninguno firmó una obra que mereciera trascender en la historia.

Se enfrentaron a un encierro de Ernersto Gutiérrez, muy desigual de presentación, con muchos kilos y sin malas ideas. Hubo dos toros sobresalientes. El segundo, lidiado por Noel Pardo, y el sexto, por David Martínez. En general ofrecieron posibilidades para que los toreros pudieran puntuar, bueno, salvo el que le tocó a Leandro que no desarrolló cualidades para hacer el toreo en redondo.

César Manotas volvió a vestirse de luces después de un parón de casi cinco años. Volvía a una plaza de primera desde que tomó la alternativa en Cali en diciembre de 2009. Mostró que tiene facultades técnicas para poder resolver los problemas de la lidia. Toreó bien con el capote y pudo ligar con limpieza algunas series con la muleta. Pero no llegó a emocionar y estuvo bastante pesado con la espada.

Noel Pardo ha recurrido al mercado peruano para acumular experiencia. Con el notable segundo ejecutó algunos muletazos con temple, pero su faena estuvo plagada de altibajos. En el ambiente parecía estar cercano a la oreja, pero se encargó de borrar todo con la espada.

Leandro, quizás, era el más toreado del sexteto, y lo demostró en el ruedo a pesar de que se encontró con la mala fortuna de enfrentar al toro más complejo de la tarde. Pero a pesar de las adversidades, sus procedimientos, el buen hacer, quedó evidente. Sin embargo los que apostaban fuerte por él pudieron salir algo decepcionados.

Santiago Gómez, el torero local, repitió un año más en este cartel de oportunidad. Esta vez no se acomodó, se movió mucho delante de la cara del toro, y también estuvo pesado con la espada.

Sergio Blanco también repetía en esta cita clasificatoria. Las imágenes dan fe del buen trazo que posee, pero su labor también se diluyó y poca emoción produjo. Eso sí firmó una gran estocada que debió haber sido premiada. El público pidió una oreja pero la presidencia, en todo momento, mantuvo un exigente criterio. No era para menos, las orejas a veces pueden engañar, y lo que estaba en juego era la feria de Manizales.

El capítulo más amotivo de la corrida lo firmó David Martínez. Levantó los ánimos con las banderillas, suerte en la que se mostró eficaz. Y con la muleta siempre tuvo muy buenas intenciones, y consiguió un par de tandas, las primeras de su faena, impecables. La faena también descendió, y tras un fuerte volteretón cuando intentaba unas manoletinas, no consiguió remontar. Y con la espada, los tres avisos lo dicen todo.

 

El Choni se gana la feria

 

La historia no fue diferente en la novillada. Un encierro de Rincón Santo, que en principio era una auténtica incertidumbre, sorprendió. Un novillo fue premiado con la vuelta al ruedo, y por lo menos otros tres ofrecieron posibilidades.

Leandro Campos ‘El Choni’ se estrelló con el lote más complejo. Pero no fue obstáculo para que por lo menos exhibiera sus buenas maneras y hechuras de torero. Es cierto que le faltó temple, y que tampoco estuvo fino con la espada, pero se apreció que en su cabeza por lo menos hay claridad de la forma para enfrentarse a los toros.

Para el público que ocupó los tendidos de la plaza pasó desapercibida una imagen. Las lágrimas con las que se marchó Andrés Bedoya tras escuchar el veredicto del jurado. Bedoya, oriundo de Manizales, nunca ha podido torear la feria de su ciudad. Esta era su oportunidad, la tenía más cerca que nunca, y seguramente marcaría su futuro. Pero no se colgó en la feria.

Puede que el torero y su entorno adviertan negligencia en el jurado. Pero el torero debe saber que en Manizales estuvo por debajo de las condiciones de sus novillos. Es cierto que esta pudo haber sido la actuación más completa de su trayectoria novilleril, se fue dos veces a la puerta de toriles a dar largas cambiadas de saludo, toreó con temple por momentos, algunos muletazos tuvieron buen trazo, pero también hubo dudas y recursos más efectistas. Se le fue vivo el primero, mató mejor a su segundo, y hasta le pidieron la oreja. Bedoya se quedó sin un lugar en su feria, y solo el tiempo determinará si habrá una nueva oportunidad.

El caso de Julián Mateo Jaramillo también es preocupante. Otro torero de Manizales que se estrenaba con picadores en la plaza de su ciudad. Poco se puede advertir de sus novillos, pues no se pudieron ver. El torero, muy nuevo, con defectos propios de un escalafón inferior, la pasó mal y no supo qué hacer con capote y muleta.

Por eso esta nueva edición de ‘Toros y Ciudad’ en Manizales estuvo marcada por los contrastes. La devoción al toreo de la gente de la capital de Caldas y el muy bajo nivel del toreo colombiano representado en seis matadores y tres novilleros profesionales. Probablemente esa no sea la forma para cultivar afición, y tal vez los estamentos tienen que pensar más a la hora de formar generaciones futuras de matadores de toros. El futuro es muy incierto.