Cinco Regalitos

 

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Texto y fotos Rodrigo Urrego B. 

12 de febrero de 2016

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El hierro de Achury Viejo, uno de los más tradicionales del país, andaba por estos días celebrando 60 años de antigüedad, seis décadas de tradición, de estar siempre en las grandes ferias, y lidiarse en los carteles señalados. El 5 de febrero de 1956, en la Santamaría de Bogotá, según las pocas reseñas que se conservan, de ese día sobre todo, cinco de los seis toros de Achury embistieron, el ganadero Benjamín Rocha fue obligado a dar la vuelta al ruedo luego de que César Girón, Dámaso Gómez y Chicuelo II les cortaran las orejas, los rabos, y algunas patas a los toros. Pero 60 años después la historia fue muy diferente.

Los seis toros que salieron al ruedo de La Macarena, en la noche del pasado viernes, eran seis láminas que bien merecían aparecer en los diccionarios ilustrados para definir un toro de lidia. Bellos e intimidantes. En noche de celebración eran seis lujosos empaques de regalo.

Pero a la hora de abrirlos, la sorpresa fue mayúscula cuando cinco no justificaban su trapío. Pronto, de intimidar con sus hechuras, pasaron a generar compasión por su mansedumbre. Cuando tenían en frente los engaños “embestían” contra ellos solo para quitarlos de su camino, su instinto los llevaba a las tablas, donde se refugiaron y desde donde se defendieron. Uno de los toros se llamaba ‘Aguador’, y junto a sus compañeros de camada, se encargaron de aguar la celebración.

El cuarto, de capa burraca, fue el único que se acercó a la leyenda de su divisa. De enorme calidad al embestir, pero con fuerzas insuficientes para respaldar sus deseos. Cayó en el lote de El Cid, que apenas lo pudo disfrutar en tres series con la muleta, muy rápidas, que se perdieron en un abrir y cerrar de ojos. Ya cuando el toro estaba exhausto, de forma prematura, el torero echó mano de alardes y desplantes para pasear un trofeo. La espada se encargó de frustrarlo. Con el primero, mansísimo, el sevillano pasó muchas fatigas.  

Daniel Luque se fue inédito, aunque lances con el capote y algunos muletazos dejaron a la afición con ganas de volverlo a encontrar. El resto del tiempo se la pasó en perseguir a sus oponentes. Y Sebastián Ritter se llevó los dos mansos peligrosos. Soportó las malas ideas y supo librarse de momentos de apuro. No claudicó en sus intentonas, a pesar de que parte del público le protestó cuanto hacía. La noche fue tan espesa que hasta un caballo de picar murió tras una cornada, y las mayores ovaciones se las llevaron los areneros que exhibieron la pancarta que anunciaba la venta de abonos para la temporada 2017.

 

Ficha
Medellín, plaza de toros La Macarena 
Viernes 12 de febrero de 2016
Tercera de feria 
Tres mil personas

Se lidiaron seis toros de irreprochable presentación, pero sin bravura. Salvo el cuarto, noble pero sin fuerza, los otros cinco fueron mansos. Tercero y sexto, además, tuvieron peligro. Pesos: 465, 452, 468, 496, 495, 463 Kilos.

El Cid (ciruela y oro): silencio y vuelta al ruedo 
Daniel Luque: silencio  y saludo 
Sebastián Ritter: aviso y silencio.