Ubaque: Vargas y Caqueza pasean una oreja

 
     
 
 

Texto y Fotos: Diego Caballero

19 de marzo 2016


Ubaque celebró su  segunda corrida en menos de un mes.  A su tradicional fecha de febrero, la alcaldía  quiso sumar una más al finalizar las fiestas patronales y decir con este gesto,  que los toros en este municipio cercano a la capital, son tradición. Su plaza con varios años de construcción, lo atestigua.


El público cubrió media plaza, lleno los tendidos donde hay más filas y donde el sol pega con menos fuerza, por lo que se puede presumir de una buena entrada en una fecha no taurina para este municipio. Los que acudieron a la plaza, lo hicieron al llamado de un cartel de toreros banderilleros, lo que no se cumplió a cabalidad, pues los de plata cubrieron casi siempre este tercio. Al público el detalle le fue indiferente y disfrutó lo que con capote y muleta lograron los toreros ante tres toros de El paraíso y tres de Guachicono.


Sebastián Vargas venia de salir a hombros  en San José de Pare la tarde anterior. No fue posible repetir el triunfo o por lo menos de la misma manera. Su primer toro, de la ganadería de Guachicono,  quiso perseguir la muleta,  pero no tuvo fuerzas para hacerlo de manera continua restando emotividad y lucidez  a las tandas. Media estocada fue suficiente para que el toro, una vez más, doblara.


Con su segundo toro se presagió el triunfo, el ejemplar de El Paraíso alimentó la ilusión al empujar con clase y boyantía el capote de Vargas. Las verónicas y las chicuelinas tuvieron en la suavidad su mejor definición y una media verónica, de frente, fue la cima de su capote. Segundos más tarde y tras el toro comprobar su bravura en el caballo,  Sebastián se fue a los medios para apostar con un cambiado por la espalda y comprobar,  que  la embestida del toro había cambiado; el toro, de capa albahía, había decidido acortar sus embestidas. Sebastián aprovechó los primeros instantes de la faena para lograr muletazos estimables y sumar méritos antes de que el toro se tornara casi imposible. Sin venirse abajo, una y otra vez, logró muletazos por ambos pitones para que su tarde no se fuera en blanco. Una estocada efectiva, tras un pinchazo,  hizo  al  público sacar  los pañuelos que ya habían guardado hasta en dos ocasiones. Oreja.

La primera vez que el público tuvo que guardar los pañuelos, fue para dejar sin premio a Cristóbal Pardo, tras su labor al segundo toro  de la corrida.  La faena de la tarde se silenció porque Pardo no encontró sitio con su espada y se tuvo que ir carizbajo en busca del callejón para lamentar que después de  haber plantado cara a un toro serio, de apariencia  y de embestida, se quedara sin premio.  Las embestidas profundas  y emotivas  del toro de El Paraíso encontraron recorrido en la muleta de Cristóbal que supo administrar los tiempos y con la muleta en su mano izquierda lograr su mejor nivel. También los derechazos tuvieron largura, su mayor virtud, e hicieron parte de un conjunto bien logrado hasta que Pardo cogió la espada. El doble trofeo, al que también había contribuido su capote,  se esfumó.


Su segundo toro, de Guachicono, partió plaza y quiso desde el principio imponerse con temperamento.  Peleó dos veces en el caballo, sin emplearse.  Pardo se dobló con el para comenzar la faena y pronto comprobó que el genio se había trasformado en sosería y que el pitón derecho del toro no admitía posibilidad en el guion de la faena.  Pardo, siempre queriendo, logró tandas por el pitón izquierdo que fueron acompañadas por  la banda de música  y por una ligera lluvia. Pudo haber logrado algún premio, pero esa espada…

Sebastián Caqueza,  novillero de la región,  quiso desde el comienzo justificar su inclusión en el cartel. Dos largas cambiadas para empezar, sacaron los olés de las gargantas de sus paisanos. Verónicas, de buena factura, y un brevísimo quite por tafalleras continuaron el concierto de su capote y levantaron el orgullo en los tendidos. Con la muleta, su labor requiere atención;  su mano izquierda, la manera de bajarla y el  pasarse cerca, por momentos, las embestidas de los novillos, bien merecen llegar a otros escenarios. Con el novillo de El paraíso, de feas hechuras pero de noble embestida, Sebastián demostró que ya puede asumir tardes de mayor responsabilidad. Atrás, queda la tarde de su debut en las novilladas de prefería en Manizales a donde llegó de manera apresurada.   En su segundo turno, con un novillo de Guachicono, demostró que también se puede llegar al lucimiento con menos opciones. Su espada aún tiene  muchas lecciones por aprender y por ella, su tarde se quedó en una solitaria oreja cortada al último de la tarde.

 

 

 

 

 

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