Castrillón, triunfador de la feria de Medellín

 
 
 

Redacción

27 de marzo 2016

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Luis Miguel Castrillón fue declarado por los asistentes a la plaza de Medellín como el triunfador de la feria. Castrillón es el segundo colombiano en lograr el trofeo más democrático que pueda alcanzar un torero; el trofeo Virgen de la Macarena, que lo acredita como triunfador de la pasada temporada de Medellín. En el 2007, César Rincón, en su temporada de despedida,  se quedó con los votos de los asistentes a La Macarena y hasta la fecha ningún torero colombiano había logrado el cotizado trofeo. El reconocimiento se da a su paso por la feria, en la que actuó en  la última corrida de la misma. Esa tarde Luis Miguel Castrillo dio una gran tarde ante los toros de Ernesto Gutiérrez, cuajando a Decano y Gucamole.

Aquí la crónica de aquella tarde escrita por Rodrigo Urrego

Castrillón: Medellín a sus pies

Eran las 6:30 de la tarde cuando Luis Miguel Castrillón se fue al borde de la barrera para cambiar de espada. Había caminado unos metros hacia las tablas entre claveles que llovían de los tendidos y gritos de ¡Torero, torero! Tras llevarse el estoque de muerte y regresar a la mitad del ruedo, el torero de Medellín sabía que estaba a muy pocos segundos de llevarse el trofeo de la feria en La Macarena. De una estocada dependía que todas las emociones que había generado quedaran talladas como piedra, en la historia de la plaza. La estocada tardó en llegar.

Dos horas atrás, Luis Miguel volvía a hacer el paseíllo en la plaza de su ciudad, que esta vez se apreciaba llena. Los casi 7.000 aficionados habían ido con la consigna de que por fin se abriera la puerta grande, era la última corrida. Y el público hizo todo lo posible por que Diego Ventura o Iván Fandiño, con quienes estuvieron muy condescendientes, fueran los elegidos. Incluso pudieron cortar orejas en sus toros. Pero quedaron con la boca abierta, los vellos de punta, y algunos con los ojos aguados, con el toreo del joven paisa.

Era la tarde soñada. Plaza llena y dos toros embistiendo. Con ‘Decano’, tercero de la tarde, Luis Miguel no dio tiempo a que se pronunciaran los que ya habían tomado partido por el toro, y erizó con una serie de cuatro muletazos templados y lentos, acompañados de su gran empaque. De ahí en adelante, jamás se dejó tocar la muleta, uno de sus talones de Aquiles, que aún son varios. Pero la estética de su toreo de fue de tal tamaño que fue suficiente para silenciar a quienes reparaban en defectos técnicos. Una oreja por absoluta aclamación y un público que se quitaba sus prendas para arrojárselas al torero. De las vueltas al ruedo clamorosas, como pocas.

‘Guacamole’ era el sexto, y como pasa con todos los toros de Ernesto Gutiérrez que se lidian en ese lugar, salen de chiqueros con el inri de ser “el del indulto”. Y antes que se tomara confianza Luis Miguel ya lo tenía persiguiendo su capote, con los que trazó unas verónicas tan personales y lentas que cautivaron. La plaza prolongó sus ovaciones hasta las cacerinas con las que dejó al toro en jurisdicción del picador, y estas siguieron para homenajear a Carlos Garrido, el nuevo ídolo entre los banderilleros.

Con La Macarena caliente, Luis Miguel se fue a los medios más con la idea de defender su toreo que con la de un triunfo que le cambiara el presente. Quizás fue parte de su secreto. Por lo general el aficionado ve en el torero colombiano un guerrero, y la sorpresa fue encontrar un artista. La primera serie de naturales fue tan lenta que la gente tuvo todo el tiempo del mundo para levantarse de sus asientos. A esa altura el torero ya era un volcán de expresión. Seguía toreando con elegancia y suavidad, y todo lo hacía con torería. Ningún torero en la feria emocionó tanto a La Macarena en esta temporada. Estaba a punto de llevarse el trofeo de la feria. Hubo petición de indulto, y dos pinchazos. Luis Miguel tuvo todo para poner su nombre en la historia de la plaza. El torero paisa que un día rindió a Medellín a sus pies.

 

 

 

 

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