Pinilla, otro colombiano que se hará matador en México

 
 
 

Por Rodrigo Urrego

29 de abril de 2016

 

Hacerse matador de toros en los tiempos que corren parece una utopía. Y no solo por los ataques que sufre la fiesta de toros en el mundo, sino por las propias condiciones del mercado taurino. Pese a ello aún siguen creciendo hombres, enamorados del toreo, que deciden cambiar hasta lo mejor de su adolescencia o de su juventud para perseguir esa satisfacción interna, esa emoción que sale del alma, de las entrañas, cuando un toro pasa lo más cerca del cuerpo, una u otra vez.

Camilo Pinilla es uno de ellos. Nació en Manizales, la ciudad que parece alcanzar el trono como la más taurina del país. No solo por la afición que se propaga por sus empinadas calles, por los llenazos de las ferias recientes, sino porque desde hace una década se ha convertido en la tercera cantera de toreros, después de Bogotá y Cali.

Manizales cuenta hoy con una cantidad de matadores que no había tenido antes. Perlaruiz, Andrés de los Ríos, José Arcila, Santiago Gómez. Y este sábado tendrá un nuevo matador. Pinilla, precisamente, quien tomará la alternativa en la plaza, de manos de Fabián Barba, lidiando toros de la ganadería de San Marcos.

Es probable que no sea la alternativa de sus sueños. Quizás hubiera querido hacerse matador en plena feria de Manizales, de manos de un par de figuras del toreo, y ante los toros de la casa, los de Ernesto Gutiérrez.

O quizás en una plaza de toros de primera en México, ese país que se convirtió a finales de la década pasada como el segundo escaparate, el segundo destino, de los novilleros colombianos. Antes solo se miraba a España, pero el país azteca, con un mercado taurino creciente y en plena ebullición, ha sido tierra fértil para que los colombianos busquen mejor fortuna, pues mientras México crece, en Colombia las novilladas tienden a desaparecer. Por ejemplo, en las pasadas ferias grandes solo hubo dos novilladas, la de Manizales y la de Medellín.

Pinilla llegó a México después de esa puerta que dejó entreabierta Ricardo Rivera entre 2005 y 2007, precisamente el último colombiano en doctorarse en el país centroamericano. 


También se radicó en Guadalajara, hizo varios paseíllos en la monumental Nuevo Progreso, que le sirvieron para ganar uno que otro contrato en otras plazas, no solo del Estado de Jalisco. Recorrió ganaderías, torear en el campo, y así sumar y sumar embestidas, toros a puerta cerrada, tentaderos, para fortalecer su tauromaquia.

A finales de año siempre volvía a Colombia con el ánimo de torear en el país. No fueron muchos los contratos, pero sumó hasta tres ferias de Manizales como novillero, otra más en Medellín, y también figuró por Cañaveralejo y la Santamaría de Bogotá, en las novilladas de los meses de agosto.

Los triunfos no siempre estuvieron de su lado, pero esa circunstancia no lo hizo claudicar. Este sábado hará su sueño realidad. Pero se le aproxima un camino más duro que el que recorrió como novillero.  

 

 

 

 

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