Se ha marchado Don Antonio García

 
 
 

Por Nicolás Sampedro A.

Fotos Diego Caballero

16 de junio de 2016

Ayer cuando me dijeron que nos había dejado, me lo imaginaba en el campo, en su finca Pino Montano –qué nombre más torero-, en su burladero, caminando o a caballo en medio de los toros, como sin duda le hubiera gustado que le recordaran, y eso sí, con la gorra perfectamente calada. Fue una persona templada en todo sentido, hablando y en sus gestos. Ganadero, aficionado práctico, conocedor de las reses y las suertes como nadie. Hablar de toros con él era un verdadero placer, cuando tenía la palabra ligaba el contenido y la atención de su interlocutor con una pausa muy personal, acompañada de la pasión que transmitía en todo lo que decía. Era capaz de parquear el carro o hacer retrasar un tentadero para terminar de contar una anécdota.

Su padre, Don Francisco García Rodríguez, llegó en 1925 con 19 años a Colombia procedente de la Puebla del Rio –Sevilla-. Era sobrino de Julio de la Olla, mayoral del Conde de Santa Coloma, el cual había llegado con la primera importación de siete toros de la misma ganadería para fundar la ganadería de Mondoñedo propiedad de Ignacio Sanz de Santamaría. En el año 31 regresa de la Olla a España, es cuando García, una vez dejadas a un lado sus aspiraciones toreras , con las que llegó a torear en la antigua plaza de San Diego de Bogotá con el nombre del “Niño de la Puebla”, funda la ganadería de Vistahermosa en el año 36, en principio bajo la razón social de Santamaría y García, hasta que en el 41 se dividió en partes iguales, una para Doña Rufina, esposa de Don Ignacio Sanz de Santamaría y otra para él, que desde entonces es Vistahermosa.


Para no extender mucho el árbol, Antonio funda otra ganadería en 1986, llamada Punta Umbría con vacas y sementales comprados a su padre. Al morir Don francisco y al cederle el hierro su madre, pasa a ser único propietario de la ganadería, la cual ha mantenido hasta la fecha en compañía de sus hijos.


La ganadería de Vistahermosa pasta entre los pueblos de Mosquera, Bojacá y Zipacón, en la finca Pino Montano, muy cerca de Bogotá. Allí mismo, a finales de los noventa Antonio logra construir el cortijo de sus sueños entre el intenso verde tropical, custodiado por un enorme peñón. Era el lugar perfecto para continuar año tras año con los famosos concursos de ganaderías que disputaba con sus amigos los también ganaderos Darío Restrepo, Carlos Barbero, Julio Jiménez y el Maestro César Rincón, torero de la casa y que, por cierto, tomó la alternativa con sus toros en Bogotá el 8 de diciembre de 1982, de manos del Maestro Antoñete y José María Manzanares.

Recuerdo muy bien lo que buscaba en la selección: “la bravura, la clase y la transmisión del Santa Coloma, con un paso más”.

Caminar con él por Zipacón, era igual que hacerlo por Bogotá, Madrid o Sevilla, era una persona tremendamente popular. En una ocasión me contó que un taxista en Sevilla lo reconoció y hablaron del encaste de Santa Coloma por un buen rato. No descarto que hubieran tomado un café. En estos casos todo lo demás podía esperar. 

Gracias por todo Ganadero  

 

 

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