Paco Cano ha dicho adiós

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Por Diego Caballero

27 de julio de 2016

 

Que negro está resultando este año para el toreo. Paco Cano le madrugó a su día para decirle adiós a la vida. Una vida que le regaló 103 años, pocos porque la vida cada vez se nos antoja más corta.  Ya eran tres las temporadas en que estaba ausente de los patios de cuadrillas. Tres temporadas en que su gorra blanca,  que presumía de un siglo de vida, no se veía en esa nube de fotógrafos que precedían los paseíllos de Sevilla o de  “su” Pamplona. Se ha ido el maestro Cano dejando al toreo un legado que no se puede cuantificar. Sin su cámara la historia del toreo en las últimas siete décadas no se podría contar de la misma forma. Una historia que para él nació el mismo día que Manolete murió.


Se fue el maestro, ya lo echaban de menos por allí  Alejandro Montani 'El sol de Perú', aquel diestro que le encomendó el primer trabajo, también Manolete para agradecerle las lágrimas de Linares y retomar esa conversación de aquella última mañana, el jefe Luis Miguel estará esperándolo para preguntarle si Domingo pago todas las cuentas, su amigo Ernest Hemingway lo recibirá ansioso para preguntarle si este verano es más sangriento que aquel de 1959,  Gary Cooper estará en una esquina para tomarse con usted esa última copa que lo armará de  valor,  de una vez por todas,  y usted decida confesarle  ese  amor secreto a  Ava Gardner, claro maestro que por allí  también lo está esperando Maruja,  su última musa que no pudo más y se marchó primero hace solo dos años. Parece que en su casa maestro usted tomaba la última decisión.

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Francisco Cano era el último de aquellos fotógrafos que con un disparo hicieron de la imagen el momento preciso. Con la ayuda de la tecnología, suena contradictorio, son menos los fotógrafos y más los disparadores de imágenes.  Eso siempre lo reprochó usted maestro diciendo que para ser fotógrafo ya solo bastaba con  ir a la tienda y comprarse una cámara con ráfaga.


Se  ha ido usted maestro que  soñó con ser figura del toreo y término siendo una leyenda del mismo sin jugarse la vida día a día aunque eso,  seguro lo hubiera querido hacer. Se va una de esas personas que por lejos que se vayan siempre están y  usted estará en cada foto en la que se aprecie su firma, estará por siempre en los que quieran conocer la historia de lo que tanto amamos, en los que abran un libro o una revista y se encuentren con sus fotos. Ojalá los que puedan hacerlo indaguen más en su obra que es mucho más que aquella trágica foto de Manolete.
Hasta siempre maestro.    

 

 

 

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