Sogamoso:Un regreso, una alternativa, un escándalo

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Luis Bolívar volvió a vestirse de luces tras su primer año fuera de las ferias europeas. El Choni se convirtió en el matador 166 de la historia de la tauromaquia colombiana. Ricardo Rivera desata polémica y pasiones. Crónica de una tarde que a nadie dejó indiferente.

 

Rodrigo Urrego Bautista 
Sogamoso

Imágenes del festejo

 

La plaza de toros La Pradera de Sogamoso lleva años, varios años, siendo el coso colombiano más difícil de llenar. Tan solo tiene un aforo para 6.000 espectadores, pero en la última década ha sufrido el mayor desangre de afición que en ningún otro lugar donde la fiesta brava es tradición.

En el salón social de la hacienda Suescún , la ganadería de Sogamoso, donde mandan los más puros herederos del casi extinto encaste Conde de la Corte, cuelgan carteles de épocas de antaño dónde la feria del Sol y del Acero no bajaba de cuatro festejos. Era tradición que uno de ellos fuera del encierro local. Hace 15 años hasta tres corridas de toros y una novillada se organizaron en las fechas patrias cercanas al 20 de julio, día de la independencia. Y hace 29 años el ruedo de La Pradera quedó clavado para siempre  en la historia del toreo -así los españoles se empecinen en ningunearlo-, porque allí fue herido mortalmente el último matador de toros, hasta la tragedia de El Pana, y posteriormente de Víctor Barrio. Heridos de muerte por asta de toro. Pepe Cáceres, el colombiano que mejor encarnó el significado de la palabra torero.

En los últimos años La Pradera se convirtió en difícil de llenar. Si difícil es hacerlo en la fecha nacional, se advierte imposible en otra distinta. Las ferias del Sol del 2016 se vieron frustradas por el crítico nubarrón que supuso el paro agrario de casi 50 días, que alcanzó las fechas tradicionales, y que causó los peores días para los habitantes de Sogamoso. Una libra de carne era un tesoro, y hasta se pagaban más de $ 20.000 por ella, lo que vale una entrada a los toros, pero en la segunda ciudad de Boyacá los ánimos no estaban para fiestas.

Pero hubo quienes se obstinaron a que Sogamoso, el puerto de montaña de la temporada colombiana en mitad de año,  no podía pasar un año sin toros. La nueva fecha llegó el pasado 4 de septiembre. Para tratar de llenar los tendidos, un cartel que marcò diferencias en lo que va de temporada. Luis Bolìvar, el colombiano que después de César Rincón consiguió lugar en las principales plazas de Europa, el colombiano que hasta hace un año disputaba la Champions League del toreo. Ricardo Rivera, el colombiano que más ha toreado en México en la reciente década. Y Leonardo Campos, ‘El Choni’, de Sogamoso, el segundo matador de la tierra. Toros de Garzón Hermanos. Para la fecha, para la temporada, un cartel con demasiados alicientes.

Apenas un tercio de entrada. Las fiestas del Sol se empañaron por un aguacero. Las cosas no empezaron bien.

Horas antes, Bolívar quiso seguir una tradición de épocas de Belmonte, pero que nunca ha estado consagrada en ningún reglamento. Dejó al Choni escoger el lote de la alternativa, un toro de Garzón Hermanos y uno de Ernesto González.

El Choni se doctoró con el noble Luciérnago, número 9 de Garzón, al que le pegó pases. Pasó susto al entrar a matar. Pero fue con el notable de Ernesto González que pudo disfrutar de su nueva condición de matador de toros, emocionar a su séquito de vecinos y partidarios, y a los aficionados de la tierra. Dos orejas.

Bolívar, la máxima figura nacional, debutaba en La Pradera, un lujo para la afición. Y vestía el traje de luces cuando no se conocían noticias suyas desde febrero, en el furor de las ferias colombianas. Primer toro, y primer triunfo. Otro bondadoso toro de Garzón al que lo toreo sin despeinarse, con sobrado dominio, como si su última tarde no hubiera sido en febrero, y todo bajo el chaparrón. Dos orejas.

Ricardo Rivera debía cumplir el rol de testigo de la alternativa, pero terminó siendo el protagonista. Es probable que quienes se hayan atrevido a mojarse en los tendidos de la plaza, no recuerden que hubo un regreso o una alternativa. Sino recordarán la escandalosa tarde del torero caleño.

Para empezar, vestido de blanco y oro, como si fuera quien se recibiría de matador. Pero sobretodo porque salió al ruedo como si su único propósito fuera morir atravesado por el pitón de un toro, pero no por la vía del estoico  valor que ha demostrado en sus nueve años de alternativa, sino por el de la irresponsabilidad y el desprecio.

Primer lance con el capote, muy cerca, segundo, más cerca aún, el tercero, el torero por los aires, y cae de fea manera, la frente contra el ruedo, no hubo cornada. Se repuso, pero con muy pocas facultades. Otro temerario quite del que se libra de milagro de una voltereta. Con la muleta sí las sufrió, hasta tres, fortísimas y de las que se pensó que tendría cornada. Entre ellas pocas veces se ha visto torear tan cerca, como un suicida, como quien ya ha renunciado a la vida, pero que milagrosamente solo salió con la taleguilla blanca teñida de rojo, de la sangre del bravísimo toro de Garzón que terminó agonizando, mientras el torero escuchaba los tres avisos.

Rivera debía torear el quinto, pero solo pudo regresar al ruedo en sexto lugar. Y volvió en contra de la opinión de su apoderado, de los médicos, de los profesionales, hasta de la policía. Y así, mermado de facultades, salió otra vez al ruedo, en medio de la protesta generalizada, pues la gente no lo quería ver en el ruedo. Aún así salió. Una faena conmovedora, en la que poco a poco fue volteando los ánimos, y la bronca que recibió minutos antes, las convirtió en ovaciones, las de un público que se puso de pie para ver su faena, con el temor de que en cualquier momento llegaría la cornada, y entregados por el angustioso valor de los demonios de un ser humano, que en Sogamoso eclipsó como nunca a un torero que a nadie deja indiferente, pero al que tal vez se le tarde en volverlo a ver en los ruedos.

 

FICHA

Sogamoso, 4 de septiembre de 2016
Plaza La Pradera 
Ferias del Sol 
Un tercio de entrada 

Se lidiaron toros cinco toros de Garzón Hermanos y uno de Ernesto González. Notable encierro. Salvo el cuarto, que no humilló, con buenas embestidas. Bravo y serio el tercero.    

Luis Bolívar (verde botella y oro): dos orejas y silencio 
Ricardo Rivera (blanco y oro): tres avisos y división de opiniones 
El Choni (canela y oro): silencio y dos orejas. 

 

 

 

 

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