Ramsés, torero de feria

 
 
 

16 de octubre de 2016

Aunque David Martínez paseó la única oreja de la tarde, el nivel del toreo de  Ramsés fue premiado con el cupo a la Feria de Manizales en la primera semana de enero. Un toro de Dosgutiérrez siembra el pánico en el ruedo.

Por Rodrigo Urrego

Fotos Diego Caballero y Rodrigo Urrego

Tiene mucho encanto eso de que seis toreros colombianos se jueguen en el ruedo el pasaporte a la gran final, la feria de Manizales. Y más si lo hacen ante un solo toro, una sola carta por jugar. Nada mejor que llegar a los carteles de enero de tan romántica manera, como debiera ser la norma. Como si se tratara de la eliminatoria al mundial de fútbol.
El bogotano Ramsés y el manizalita Andrés de los Ríos aparecieron en esta semifinal con el cartel intacto de toreros de ferias, pero con la necesidad de quien pide una oportunidad para sobrevivir. El primero, ‘goleador’ en la Santamaría de Bogotá, una vez cortó cuatro orejas y se lo  coleccionista de puertas grandes en el ruedo número uno del país; el segundo, capaz de hacer llorar a sus paisanos. Ambos, eran los grandes favoritos, los llamados a pelearse el cupo a la feria, con todo lo que trae de la mano.

Ramsés se quedó sin toro para asegurarse la clasificación de forma directa, sin recurrir al veredicto del jurado. En la remendada corrida, le tocó el primero de los dos de Dosgutiérrez, que en el papel suponían la carta más difícil. Y nada sencilla la tuvo el torero bogotano, pero en lo poco que peleó su toro, se le vio auténtico nivel de feria, de quien tiene argumentos para dar la cara en la semana grande de la plaza de Manizales. Desde las soberbias largas cambiadas con que se destapó, el secreto para sacarle pases a un toro que quería el abrigo de las tablas, hasta la estocada de esas que no necesitan de puntilla y provoca el vuelo de los pañuelos blancos. Era el primero, la gente se acomodaba, y no le dio la dimensión.

El de Andrés de los Ríos fue el primero de Agualuna, el más bonito de todos los seis, el más bajo, de intimidantes pitones, y de una nobleza para querer jugar en el ruedo, a pesar de que nunca debió lidiarse. Salió de toriles lesionado, y con cada embestida se lastimaba más. Si Andrés quería colgarse de la feria no iba a tener ninguna chance de hacerlo con ese toro. El pobre no podía moverse, aunque persiguió la muleta en esos elegantes e impecables muletazos, pero desnudos de emoción. Un pinchazo emborronó su seria actuación, pero se desquitó con una gran estocada.

Para Gustavo Zúñiga la oportunidad era además su debut de matador en Manizales. Llegó a ella por las noticias que llegan desde Perú, donde se le ve activo casi que cada fin de semana. Arrojado con el capote, toreó de rodillas al segundo de Agualuna, y cerró su saludo con una larga cambiada de rodillas. Fue el primero en poner de pie a los 12.000 espectadores que llenaron la Monumental. Arrollado en banderillas, y apagado en la muleta. Series muy cortas, y de las palmas se pasó al silencio.

Flor de Aniz, de Dosgutiérrez, salió de toriles dio unos pasos y emplazó su figura rupestre, levantó sus pitones en forma de lira, y asustó como si del mismísimo demonio se tratara, desde que se presentó hasta que lo arrastraron las mulillas. Santiago Gómez, jamás lo olvidará. Se le puso por delante con el capote, no le pudo dar una sola verónica, el más torero de los lances; delantales como quien quiere salir pronto del compromiso, pero el toro se rehusaba a despegarse de la tela que el joven caldense no encontró otro recurso que arrojar su capa y emprender huida hasta el callejón.

Raúl Morales, banderillero, escogió el pitón derecho para poner las banderillas. Tan pronto el toro sintió el castigo, estiro su cuello y alargó sus pitones, y en cuestión de milésimas de segundo agarró el cuerpo del subalterno y se lo pasó de un pitón a otro, con saña de fiera. Cuando Morales cayó a la arena ya tenía la taleguilla descocida.

La palabra torero es sinónimo de valor. Por algo son toreros, porque son capaces de tener cabeza fría a pocos metros frente a un toro. Un torero debe ser valiente por definición. Flor de Aniz era una alimaña, como lo puede ser el más terrorífico de los victorinos. Un toro que en cualquier plaza del mundo puede salir, un toro para que el todo torero debe estar preparado, pero sobretodo valiente. Pero el traje de luces de Santiago parecía no tener los poderes de los heroicos toreros. Santiago entró en pánico en los minutos más largos de su vida. Huyó con la muleta, huyó con la espada. Por eso un toro malo, malo de verdad, de esos con los que cualquier mortal saldría corriendo, no un torero, se fue en medio de una estruendosa ovación.

A David Martínez le tocó un toro de Ernesto Gutiérrez, ganadería que de solo nombrarla genera cosquillas en el estomago e ilusiona a los toreros, y los llena de confianza. La que se tomó David a un toro que terminó apagándose, pero nunca tuvo malas ideas. El torero con muy buenas intenciones y con el apoyo incondicional de la gente, pero con un toreo aún muy frágil como para tener nivel de feria. La oreja que paseó, la única de la tarde, no le fue suficiente para ver su nombre en los carteles de la feria de Manizales, pero si supone un paso más hacia esa meta.

Camilo Pinilla se estrenaba en su plaza de Manizales como matador de toros, después de una alternativa en el primer semestre en un poco conocido rincón de México. Su debut fue apenas una anécdota, su toro de Agualuna no tenía fuerzas para embestir.    

 

 

 

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