Molano, ‘Vida y Obra’ a un amante del toreo

 
 
 

 

5 de noviembre de 2016

El premio Simón Bolívar a la Vida y Obra de un periodista cayó en manos del reconocido escritor Alfredo Molano. Cronista del conflicto armado colombiano, y ejemplar aficionado a los toros.
 
Rodrigo Urrego Bautista
 
Los premios de periodismo Simón Bolívar son los más codiciados desde 1975, cuando empezaron a reconocer a los mejores trabajos en prensa, radio y televisión, así como la trayectoria de los periodistas en todo el país. Si se admite la comparación, podrían tratarse de los ‘Oscar’ del periodismo nacional, y entre las numerosas estatuillas que se conceden cada año, hay una que acapara todos los reflectores: el premio a la Vida y obra periodística.

En la edición del 2016, ese Gran Premio fue a manos de Alfredo Molano Bravo (Bogotá, 1944). Sociólogo de la Universidad Nacional, ha dedicado más de la mitad de su vida a recorrer el país, la Colombia rural, donde las imágenes de la guerra no se veían en las pantallas de los televisores, sino en las propias narices de sus habitantes, día a día.

A Molano, con su pelo largo y ensabanado, al estilo de Albert Einstein se le ha visto por todos los rincones del país. “En los esteros de Tumaco, en los pantanos de Arauca, en el Nudo de los Pastos, en los estoraques de la Playa de Belén. Ha atravesado todas las cordilleras.  Anduvo por los páramos de la Oriental; ascendió por los altos de la Central; bajó por los abismos de la Occidental. Y así: serranías, ciénagas, deltas, latifundios, baldíos han merecido su mirada punzante y su escritura sensible”, decía el acta del jurado.

De su trasegar por trochas y caminos empezaron a brotar historias. ‘Los años del tropel, relatos de la violencia’ fue el primero de sus libros, en 1985. ‘Aguas arriba: entre la coca y el oro’ (1990), ‘Trochas y fusiles’ (1994), ‘Selva Adentro: una historia oral de la colonización del Guaviare’ (2006) ‘Ahí les dejo esos fierros’ (2009). Algunos de sus títulos. 

“A ese trabajo que le ha permitido al país central saber de qué se trata y a qué huele y a qué sabe el país periférico; a ese trabajo que le ha contado a Colombia la complejidad de los dolores lejanos y también sus ilusiones; a esa coherencia de toda una trayectoria profesional vivida en la trocha en donde ocurre la verdadera verdad de la vida, es que el jurado del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar ha decidido agradecerle a Alfredo Molano Bravo su vida y su obra con este reconocimiento”, continúa el acta de los premios.

Pero a Molano también se le ha visto en las plazas de toros. Las de los pueblos, esas sí que lo emocionan. Se le ha visto en Lenguazaque, en las Arenas del Río Seco, en Pacho (Cundinamarca). En las grandes, como Cañaveralejo, la Monumental de Manizales, la Macarena de Medellín, y pospuesto, su plaza, la Santamaría de Bogotá. Y en las citas clave del toreo mundial, como en la reaparición de José Tomás en Barcelona, en 2007, la encerrona en Nimes, o la última corrida en la Monumental en el 2011. , y las presentaciones de José Tomás en México y Aguascalientes.

Y hasta delante del peligro. Alguna vez, no hace mucho, y en casa del ganadero Jorge Gutiérrez, se atrevió a ponerse delante de una becerra. Muchos dirán que no es ningún gesto. Pero ‘debutar’ ante una vaca de Dosgutiérrez sí que tiene mérito.

Y así como las historias de esa otra Colombia, a Molano siempre le han generado cosquillas en el estómago esas historias que ocultan los toreros detrás de los trajes de luces.

 

 

 

 

 

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