Colombo hipnotiza a Cañaveralejo 

 
 
 

12 de noviembre de 2016

Puerta Grande

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El venezolano regresó a Cali y se fue a hombros tras indultar a Alosnero de Vistahermosa. Andrés Manrique cortó una oreja gracias a una excepcional estocada.  

No era fácil superar el listón de la primera novillada de preferia. Dinastía lo puso alto para los novilleros, y los hierros de La Torre y Ernesto González lo dejaron tan arriba que la legendaria divisa de Vistahermosa parecía no la tenía fácil para superarlo. Pero el venezolano Jesús Enrique Colombo, y ‘Alosnero’, decidieron cumplir con los deberes desde muy temprano, apenas en el segundo capítulo de la tarde. 

Colombo volvía con una carga de obligaciones. Hace un par de temporadas pisó por vez primera el ruedo de Cañaveralejo y lo hizo para rivalizar, nada más ni nada menos que con Roca Rey, meses antes de su temporada de consagración novilleril en Europa. Dos años, el peruano ya es figura entre los matadores, y el venezolano sigue con intenciones serias de verlo muy pronto y volver a rivalizar con él. 

La suerte  cruzó al venezolano con Alosnero y ambos tuvieron un intenso encuentro en la arena en el que los dos salieron vencedores. Colombo consiguió las llaves de la puerta grande del Señor de los Cristales, y el novillo la mayor de las victorias, salvar su vida. 

Fue el segundo capítulo de la tarde. Colombo levantó los tendidos con el capote en un saludo que remató con una larga cambiada de rodillas, emocionó en banderillas, e hipnotizó al público con su muleta, y a Alosnero, pues el torero apostó por un toreo en redondo, casi que en circular, que sus tandas se convirtieron casi que en una misma suerte, de larga duración, que puso a la gente loca. Los aficionados no pararon de ovacionarlos y exigió el indulto al palco presidencial, que asomó el pañuelo amarillo para inmortalizar al ejemplar de Vistahermosa. 

El festejo comenzó con un minuto de silencio, homenaje póstumo a Antonio García, precisamente el ganadero de Vistahermosa, quien falleció el pasado mes de julio. 

El bogotano Andrés Manrique también regresaba a Cali con sus propias afugias. Por lo menos con la necesidad de triunfar con contundencia, marcando goles como se diría en el fútbol. 

No la tuvo fácil, porque sus enemigos de Vistahermosa, aunque de buenas intenciones en sus embestidas, no eran fáciles por lo menos para los objetivos del torero. Fueron similares sus dos faenas, en las que hubo momentos señalados en los que el tercero de la dinastía taurina de los Manrique, metió riñones, desmayó el brazo y toreó con lentitud. En el cuarto, cuando se fue a la barrera a recoger la espada, parecía que no había alcanzado la puntuación suficiente, pero el torero puso la fe en su empuñadura y la estocada le trajo el premio de la oreja con la que salvó su tarde.

Sebastián Hernández, novillero de Sogamoso, y debutante en Cali, demostró voluntad toda la tarde y se fue con la tranquilidad de haber dado cara con dignidad, pero con la conciencia de que su camino apenas comienza. 

 

 

 

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