Ramsés, un bogotano vuelve a triunfar en Cali

 
 
 

25 de diciembre de 2016

Cortó la única oreja y el trofeo fue suficiente para imponerse en la corrida de toreros nacionales. Se lidió un encierro de Juan Bernardo Caicedo. Paco Perlaza estuvo a punto de sumar, y Cristóbal Pardo tuvo un toro para salir en hombros, pero se fue caminando.
 
Rodrigo Urrego B.

Imágenes http://bit.ly/2ixvRFW
 
 
Cañaveralejo no ha sido arena fértil para los toreros bogotanos. Salvo César Rincón, todo un ídolo nacional, se cuentan con los dedos de una mano los toreros capitalinos que han podido conquistar al público de Cali. Muchas veces hostil con todo lo que lleva el sello nacional.

A pesar de los antecedentes, y para algunos, contra todo pronóstico, la primera tarde de la feria de Cali 2016 llevó el nombre de un torero bogotano. Ramsés, hijo del matador que en los años 80 y comienzos de los 90 se anunciaba, precisamente, ‘El Bogotano’. No solo cortó la única oreja de la tarde, sino que su toreo fue el que más emocionó en una tarde con esporádicas alegrías a las cuales aferrarse.

Era el tercer paseíllo de Ramsés en Cañaveralejo. Su debut, hace cinco años, había pasado inadvertido, tanto que muchos de los espectadores desconocían que es el único torero colombiano en activo que ha cortado cuatro orejas en la Santamaría. El torero de Bogotá volvía a medirse en la difícil Cali.

Y como quien se la juega todo a una sola carta, apostó su crédito al primero de su lote, tercero de la tarde. ‘Peluquero’ tuvo casta y sus embestidas no eran nada sencillas de aguantar. Ramsés lo enfrentó con una fórmula sencilla, quedarse quieto y pasárselo muy cerca de su cuerpo. En últimas lo que siempre ha emocionado en el toreo. Y así pasó. Ramsés, con los pies clavados en la arena, ofreciendo su vientre, sus muslos, y un toro que acariciaba el cuerpo del torero persiguiendo la muleta, fue el secreto para que la gente se levantara de sus localidades como si tuviera un resorte. Desde el primer muletazo el público se emocionó. Hasta el final, cuando con una gran  estocada, el torero bogotano conseguía su primera oreja en Cali, la primera de la feria.

No se conformó. En el sexto se fue a la mitad del ruedo y se puso de rodillas. Adelantó su muleta, llamó la atención del toro, enceguecido con un burladero. Insistió. Cuando el toro lo descubrió galopó con la alegría y ambición de un perro que va detrás de la pelota, pero con la imponencia de un tren. Ramsés se lo pasó una, dos, tres, cuatro veces hasta que levantó a la gente de los tendidos. Pero el toro perdió su alegría y se volvió violento, y a pesar de los hachazos que alcanzaban la muleta, el público estuvo del lado del torero, tanto que lo despidió con la ilusión de volver a verle.

En la corrida del toreo colombiano, se lidiaron seis toros de Juan Bernardo Caicedo, de desigual presentación, pero que según el veredicto del público pasaron el examen. Cinco de los seis fueron aplaudidos en el arrastre, aunque quizás otra idea tengan los toreros que les plantaron cara.

Paco Perlaza se quedó sin toros, aunque el público consideró todo lo contrario, que los toros se habían quedado sin torero. Es probable que parte del público haya llegado a la plaza con la intención de gritarle “toro” al menor descuido, pero esta vez se les salió casi que desde los primeros muletazos. Pero en el ruedo, los dos toros se vinieron a menos, y quizás las dos faenas del torero local no hayan alcanzado el suficiente vuelo.
Al que abrió plaza, Paco le plantó una auténtica batalla y la estocada fue tan certera que, por sí sola, motivó al público a pedir la oreja, la que la presidencia se abstuvo de conceder. Si esa espada la hubiera reeditado en el cuarto, de colofón a una faena propia de quien domina su oficio, hasta por naturales con la mano derecha se dio la licencia de torear, seguramente la tarde también hubiera llevado su nombre. 

Cristóbal Pardo seguiría a hombros de los aficionados si todos sus muletazos hubieran sido como un derechazo en la primera serie del segundo toro y los naturales a ese mismo ejemplar. Pero las decenas de muletazos que vinieron después carecieron de emoción. Con el quinto, se empeñó tanto en sacarle partido que alargó su faena mientras los espectadores clamaban que terminara su labor.  
 
Cali, 25 de diciembre de 2016
Primera Corrida
Seis toros de Juan Bernardo Caicedo.
 
Paco Perlaza: saludo desde el tercio y silencio
Cristóbal Pardo: silencio en ambos
Ramsés: oreja y ovación. 

 

 

 

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