Roca Rey: drama, valor y puerta grande

 
 
 

26 de diciembre de 2016

El torero peruano salva la tarde. Cortó dos orejas a Jailoso, último toro del encierro de Paispamba. Salió a hombros la puerta del Señor de los Cristales, por segundo año consecutivo.  


 
Rodrigo Urrego B.

Imágenes http://bit.ly/2ixvRFW
 
 
Roca Rey volvió a Cali. Ahora como figurón del toreo. Y en su primera actuación en la feria del 2016 se marchó de la plaza de toros de Cañaveralejo por el camino que mejor conoce: la puerta del Señor de los Cristales. Lo hizo tras cortar las dos orejas del último toro del encierro de Paispamba, pero también tras una paliza auténtica, y el cuerpo adolorido. Su nuevo triunfo en la capital del Valle del Cauca no solo lo consiguió toreando con valor, también arriesgando su pecho, su corazón, el que estuvo expuesto en el único momento en que le quitó la mirada a los ojos del toro, el de la suerte suprema.


El torero peruano era el llamado a traer las mayores emociones de la tarde, y resultó siendo el salvador de la misma. Algo más de dos horas largas, duras  y difíciles para los que se vistieron de luces, y en la que el miedo, el drama y el suspenso se paseó en muchos capítulos de la corrida.


Jailoso, un serio toro jabonero, intimidó desde que salió en el ruedo, en sexto lugar, cuando la noche ya había caído. Se fue al caballo del picador Rafael Torres, lo tumbó con estrépito. Se ensañó con el equino al que pateó, literal, por varios segundos, y los toreros tirabamn capotes, lo jalaban del rabo, hacían lo humanamente posible para despejar el peligro. El caballo y el picador se levantaron tras un fuerte palizón, y para tranquilidad de los espectadores que rompieron en un aplauso.


El de Paispamba persiguió a los banderilleros que se atrevieron a pisar sus terrenos y ponerle banderillas, hasta que Roca Rey quedó en solitario en el ruedo para enfrentarlo.


Ya había levantado la plaza en un quite, capote a la espalda, cambiando la trayectoria del toro a menos de un metro del capote. Con la muleta se fue al centro del ruedo, citó al toro de lejos, y cuando parecía que el torero iba a ser presa fácil para el de Paispamba, el torero peruano cambió la dirección de su muleta, se lo pasó por la espalda, y repitió proeza hasta en tres oportunidades. Cañaverlaejo era un hervidero.


Jailoso embestía con furia, y Roca Rey tenía una templanza admirable y la cabeza fría para no amedrentarse. Por el contrario, convirtió el miedo en tranquilidad, pues parecía disfrutar cuando los pitones del toro pasaban tan cerca que acariciaban sus muslos. Con el público de su lado, y tras pedir silencio a la banda de músicos, se perfiló con la espada y se tiró a vencer o morir, y por poco pasa lo segundo.


El toro lo arrolló de fea manera, como si fuera un tren que se llevara por delante todo cuanto se atraviese en la carrilera. Pareció clavar los pitones en el pecho del torero y lo levantó con violencia. En el suelo, el toro se ensañaba con el peruano que también se llevó una fuerte paliza. Pero cuando Roca Rey por fin pudo levantarse, el toro ya estaba herido. Dos orejas para el torero y vuelta al ruedo en el arrastre para Jailoso. Ambos protagonizaron el capítulo más emocionante de la segunda corrida de la feria.


El peruano ya había puesto “dos cojones” como dicen los españoles, “dos huevos” dirían los argentinos. Su primero fue tan malo que en la primera serie tiró un “gancho” con su pitón derecho que dio en todo el mentón del torero. A punto estuvo de noquearlo. Roca Rey salió grogui, trastabillando, pero tuvo el orgullo de no caer en la arena, como si fuera la lona de un cuadrilátero de boxeo.


El Fandi se lució en la suerte que mejor interpreta, las banderillas, tanto que en el segundo toro de su lote, cuando la lluvia obligó a los aficionados a buscar refugio en los tendidos altos, regaló un cuarto par de banderillas como para quedar a paces. Y aunque nada pasó con la muleta, el público lo despidió entre aplausos. Las banderillas en Cali tienen muchos partidarios.  


El colombiano del cartel fue el antioqueño Luis Miguel Castrillón, Había llegado a la corrida de Paispamba con la intención de que los toros respondieran a los recientes antecedentes, pues en las últimas dos temporadas los toros de Enrique Álvarez han sido los más galardonados, y los de mejores embestidas. Esta vez fue diferente. Castrillón se vio obligado a ponerse el traje de batallón, el de peleador, el que quizás no le queda. El que mejor le talla es el frac, el del toreo de clase y elegante, el que no se pudo ver en la segunda corrida de Cali. Escuchó dos avisos en su primero, el mismo que sembró el pánico cuando cazó al banderillero Gustavo García, y fue silenciado en su segundo.  

Cali, Plaza de toros de Cañaveralejo
Lunes 26 de diciembre de 2016
Toros de Paispamba

El Fandi: silencio en ambos
Luis Miguel Castrillón: dos avisos y silencio
Roca Rey: silencio y dos orejas. Salió en hombros.     

 

 

 

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