Hermoso de Mendoza y un premio de consolación

 
 
 

27 de diciembre de 2016

El rejoneador navarro cortó la única oreja al sexto toro de la corrida. Tarde pasada por agua. Miguel Abellán y Gustavo Zúñiga completaron el cartel.


 
Rodrigo Urrego B.

Imágenes http://bit.ly/2ixvRFW 

Las nubes negras que se posaron sobre Cañaveralejo auguraban una tarde oscura. Trajeron un fuerte chaparrón que a punto de cancelar la corrida, pero no fue obstáculo para que la afición se hiciera presente y ocupara casi dos tercios del aforo de la plaza. Con media hora de retraso los toreros hicieron el paseíllo con la ilusión de conquistar un triunfo. Pero el español Miguel Abellán, el colombiano Gustavo Zúñiga y Pablo Hermoso de Mendoza, se marcharon caminando, como llegaron. La oreja del rejoneador navarro, en el sexto, fue la única de una tarde con poca historia, pero supo a poco. La tarde, como auguraban los nubarrones, a la postre resultó bastante oscura.

Aunque hubo algunas luces. Las mayores emociones del tercer festejo llegaron precisamente en el último capítulo. Hermoso de Mendoza, la gran estrella del cartel, había quedado en deuda en su primer turno. Su faena fue tan simple que estuvo lejos de su leyenda, y las tres veces que el toro alcanzó se estrelló con el cuerpo de los caballos, fueron una fea mancha para uno de los mejores escribientes que ha tenido la historia del toreo a caballo.

Quizás por eso, Pablo Hermoso se vio obligado, sino a poner toda la carne en el asador en el sexto, por lo menos si a despelucarse más de la cuenta. Para su suerte, tuvo en el ruedo a un noble toro de Las Ventas del Espíritu Santo, al que prácticamente hipnotizó con sus caballos. Esos momentos en los que el toro parecía cocido a la grupa de los caballos, persiguiéndolos por todo el ruedo, fueron los más emotivos de su faena. Con las banderillas cortas el público se levantó de sus asientos. De haber acertado con el rejón de muerte, es probable que el navarro se hubiera ido a hombros, por eso el premio se redujo a la solitaria oreja con la que culminó la tarde. Una oreja sin mucho peso, que más pareció un premio de consolación para que la tarde no se fuera en blanco, por lo menos en las estadísticas, y que los aficionados llegaran a sus casas o a los remates por lo menos con una oreja en el esportón de sus corazones.  

Miguel Abellán, viejo conocido de Cañaveralejo, volvió a Cali. Ya no como el niño que entusiasmaba al público juvenil, sino con un torero serio y maduro. Para su regreso vistió el blanco y plata que lo ha hecho mundialmente famoso, y volvió a dejar muestras de la calidad de su toreo. En el que abrió el festejo consiguió tres series que arrancaron los primeros oles de la tarde, y despertó a los músicos que se levantaron a tocar. Hubo petición de oreja, pero la presidencia, en tarde de lluvia, no quiso mojarse para asomar el pañuelo blanco.

Con el cuarto, Abellán recurrió al alarde de torear de rodillas con la muleta, y así empezó su faena, en el mismo centro del redondel. Pero todo resultó una quimera, porque, ya de pie, no tuvo la misma resonancia. Los dos toros de Achury Viejo que le correspondieron se fueron apagando.

Para Gustavo Zúñiga la tarde significaba su debut en una feria de Cali, un compromiso que, tal como lo comprobó, no fue nada fácil de resolver. Desde que tomó su alternativa, el torero de Norte de Santander, pero antiguo alumno de la Escuela Tauirina de Cali, se ha ganado la vida en la segunda división, en pueblos y veredas, no solo en Colombia, en el Perú sobretodo. Por eso, fue un auténtico examen que quiso resolverlo con muy buena voluntad, atributo que no era suficiente sobre todo para toros nada fáciles de ser toreados. Lo intentó con el capote, quiso agradar con las banderillas, y no acabó de sentirse cómodo con la muleta.

La noticia dramática de la tarde fue el percance del banderillero El Piña en el cuarto, quien tuvo que pasar a la enfermería con una herida en su rostro.  Tarde pasada por agua.

Cali, Plaza de toros de Cañaveralejo 
Martes 27 de diciembre de 2016
Tercera corrida 
Cuatro toros de Achury Viejo (1°, 2°, 4° y 5°) y dos toros de Las Ventas del Espíritu Santo (3° y 6°).

Miguel Abellán: Vuelta al ruedo y un aviso 
Gustavo Zúñiga: Un aviso y silencio 
Pablo Hermoso de Mendoza: silencio y una oreja
    

 

 

 

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