Tuta: toreros a hombros y un picador ovacionado

 
 
 

16 de enero de 2017

Iván Vicente y Manuel Libardo  se repartieron cinco orejas ante el encierro de Juan Bernardo Caicedo. Clovis Velásquez y un puyazo épico ante el quinto de la tarde.

Rodrigo Urrego B.
Tuta, Boyacá

IMÁGENES

Cada vez que se abría la puerta de cuadrillas de la plaza de toros portátil, el público de los toros en Tuta dedicaba una estruendosa rechifla para recibir a los picadores, cuando hacían su ingreso al ruedo. Una y otra vez, en cada uno de los seis capítulos de la tarde. Cabalgaban sobre los caballos empetados como si fueran los verdugos de la fiesta. Las protestas del público aumentaban apenas recibían a los toros, y solo paraban cuando estos salían de la zona de castigo. No era la primera vez, ni Tuta la única plaza hostil para los varilargueros. En Colombia los del castoreño son vistos como verdugos, y solo se ganan las ovaciones cuando traicionan su oficio, cuando no pican a los toros.


El domingo, en la primera corrida de la feria de Tuta, parecía imposible que un picador volteara la torta picando un toro. Clovis Velásquez, de pequeña estatura pero de larga andadura por los ruedos de Colombia, se vistió de gladiador para ganarle la pelea a un toro que se enceló en el peto por un par de minutos, intensos, como si en ellos se les fuera la vida.


Ventarrón. Así se llamaba el quinto toro de Juan Bernardo Caicedo que salió al ruedo de Tuta, y embistió con tanto ímpetu al capote de Manuel Libardo, como si quisiera hacerle honor a su nombre. Resopló como un auténtico ventarrón.


Después de la rechifla del público, Ventarrón vio a lo lejos el caballo y se lanzó a por él. Lo arrinconó contra las tablas, metiendo los riñones para ganar por fuerza. Clovis, el picador, fue desmontado por el fuerte impacto, pero sin soltar la vara, agarrado de la rienda, y aferrado al cuello del caballo, con sus dos pies al aire, se sostuvo hasta atemperar al toro, que se resistía a atender los capotes que lo invitaban a olvidarse del caballo. Ventarrón hizo caso omiso. Por el contrario, empujó al caballo y se lo llevó hasta el centro del ruedo. El público ya no protestaba, pero no daba crédito a lo que estaba viendo. Después de dos minutos épicos del picador, Ventarrón se fue tras un capote y se quitó el castigo de la vara. La presidencia ordenó el cambio de tercio y Clovis Velásquez se fue entre ovaciones, pese a que minutos antes lo habían recibido como si le anticiparan un linchamiento. Ventarrón, por su parte, no volvió a soplar, por lo menos con la misma entrega.  El puyazo fue todo un espectáculo, solo posible cuando los toros se pican. Si los toros no resisten el castigo, la respuesta está en la casta, no en el brazo del picador.


La corrida de Juan Bernardo Caicedo, por su seriedad, pero sobretodo por su comportamiento, no admitía indulgencias por parte de los picadores. El primero de la tarde, un toro de bastas hechuras sacudía la estructura de la plaza con cada paso que daba en la arena. Mandó a la arena al picador, que luego se desquitó con un fuerte castigo. Contra todo pronóstico, el toro embistió con buenas intenciones a la muleta de Iván Vicente, y el torero no desaprovechó una sola arrancada para torearlo y así cortar una oreja. 


El torero español, que varias veces alcanzó a estar en los carteles de San Isidro, ese mundial del toreo que año tras año se celebra en la arena de Las Ventas, vino a triunfar a tierras colombianas y el éxito se lo dio el cuarto de la tarde. También en un capítulo que no prometía en el primer tercio, pero que elevó sus emociones en la muleta. A tal punto que las dos orejas fueron el premio que reclamó el público para calificar al español. 


También fue prolongado el puyazo al segundo de la tarde, pero el toro de Juan Bernardo Caicedo resistió, tanto que fue el de mejores embestidas de la corrida. Manuel Libardo le cortó las dos orejas en una faena que emocionó al público de Tuta.
Los toros que no resistieron el tercio de varas fueron los del lote de Luis Miguel Castrillón. A la muleta llegaron sin entrega y con ideas defensivas, condiciones con las que naufragó el torero.


Iván Vicente y Manuel Libardo salieron a hombros, como los grandes protagonistas de la tarde. Los picadores lo hicieron a pie, en silencio, arrastrando sus pesadas patas metálicas, pero con la cabeza en alto y el castoreño en la mano tras una tarde en la que se hicieron héroes por picar los toros.


Tuta (Boyacá)
Domingo 15 de enero
Primera de feria
Toros de Juan Bernardo Caicedo

Iván Vicente: una oreja y dos orejas
Manuel Libardo: dos orejas y silencio
Luis Miguel Castrillón: aviso y aviso

 

 

 

 

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