Señores toros y señores toreros

 
 
 

5 de febrero de 2017

José Garrido indultó a Tocayito. Rafael Rubio Rafaelillo cortó una oreja. Paco Perlaza da la cara ante un fiero encierro de Mondoñedo.

Por Rodrigo Urrego B.

Fotos Diego Caballero y Rodrigo Urrego

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Cavador, Embajador, Motilón, Canciller, Greñudo y Tocayito. Los seis toros de Mondoñedo que se lidiaron el domingo en la Santamaría, habían nacido hace casi cinco años, precisamente cuando la plaza de toros fue clausurada. Por eso, ni Cayetano Romero, el mayoral que los vio nacer, ni Fermín ni Gonzalo, los ganaderos, sabían que el destino sería el ruedo que construyó don Ignacio. Pero los criaron con la fe de que pudieran ser los ‘mondoñedos’ que volverían a hacer temblar el centro de Bogotá.

Jugada del destino o no, en estos más de cuatro años crecieron y se hicieron señores, quizás como ningún otro de sus antepasados. Los que salieron el domingo, nadie lo puede poner en duda, fueron los más señores que han salido en esta temporada de toros. Tenían volumen, y algunos bastantes kilos; cuernos largos e intimidantes; y desde que salieron al ruedo, embistieron como fieras salvajes, indomables, como toros bravos, que meten miedo, y con los que es una auténtica proeza torearlos. Misión para señores toreros, también.

Los diestros llegaron al patio de cuadrillas y se saludaron con abrazos. No era para menos. Por un lado no ocultaban su emoción por torear en la Santamaría, pero sabían que lo harían con la más dura papeleta. Abrazos fueron los que se dieron en cuatro toros, los españoles Rafaelillo y José Garrido confirmaron alternativa. El primero se ha hecho cartel sacándoles pases a los salvajes toros de Miura, y el segundo con el señalamiento de ser una de las nuevas promesas de España. Paco Perlaza, por su sobrado oficio, estaba capacitado para la exigente cita. Algo más de tres mil personas se emocionaron como en tarde de plaza llena, y como regalo recibieron una corrida difícil de borrar de los corazones.

A Rafaelillo le tocaron dos toros más altos que su diminuto cuerpo. La sola sensación de verlo por delante, batiéndose como gladiador, le merecían partidarios. El destino, nuevamente, quiso que sus toros fueran imposibles, pero no para el murciano que le sacó pases con la derecha, con la izquierda, de rodillas, y hasta arrojó la muleta se arrodilló y le agarró el pitó a un toro de la confirmación. Y las espadas aún nadie sabe cómo las dejó en el morrillo. Una oreja fue su botín, y los gritos de ¡Torero, torero!, con los que le despidió la afición, como si fuera un ídolo deseado.  

Paco Perlaza sabía de sobra que torear los mondoñedos en Bogotá es como ir a jugar de visitante a la bombonera del Boca Juniors de Argentina. Pero han sido muchas las tardes en su carrera en las que ha sabido jugar en las ‘canchas’ más hostiles. A su primer toro lo empezó a dominar pero en un momento de traición el toro lo levantó del piso, y en el ruedo lo buscó. Paco se agarró del cuerno para que este no le atravesara el cuello. Se levantó como si nada le plantó cara. Con el quinto de la tarde no solo se impuso sino que hasta toreó relajado, varios naturales fueron la prueba. Pero la afición torista de Bogotá se impuso ante su blanco preferido, el torero colombiano, y a Paco Perlaza, que se hizo señor en la Santamaría de Bogotá, algunos lo quisieron crucificar.  

José Garrido, el menos experimentado del cartel, pareció tener ser un experto en los mondoñedos, a pesar de que por primera vez en su vida se los enfrentaba. Y no lo hizo como un león peleador, los toreó como si no pasara miedo en aguantar las embestidas que parecían oleadas, torbellinos, pues sus dos toros fueron los más bravos y fieros.

En el primero de su lote, segundo de la tarde, el de su confirmación, Garrido pudo creer que la plaza más difícil del mundo no era Las Ventas de Madrid, sino la Santamaría de Bogotá. Tras su emocionante faena, que arrancaba oles y alaridos de los aficionados, nadie sabe qué faltó, pero solo le dieron una oreja al torero y el toro se lo llevaron en línea recta, no en redondo como merecía.

La tarde había tenido de todo, picadores en el suelo, toros rompiendo tablas de burladeros, persiguiendo banderilleros. En tarde de señores picadores, el puyazo de Clovis Velásquez al sexto, y de señores banderilleros, Ricardo Santana al primero, y Jaime Devia al cuarto. Y el público gritando ¡Viva Mondoñedo! Tocayito, como si hubiera escuchado tantos rugidos de emoción desde el toril, salió a poner el colofón. En vía de extinción los toros que humillan y embisten con tanta fuerza, con tanta fiereza, y emocionante como un torero se lo pasa una y otra vez cerca de su cuerpo. Pañuelos blancos, Tocayito fue indultado en la Santamaría. Tarde para señores. Señores toros, y señores toreros. Garrido y Gonzalo Sáenz de Santamaría se marcharon a hombros.  

 

Bogotá, Plaza de toros de Santamaría 
Domingo 5 de febrero 
Tercera corrida
Menos de media plaza
Toros de Mondoñedo

Rafaelillo: saludo y oreja 
Paco Perlaza: silencio silencio 
José Garrido: oreja y dos orejas simbólicas 

El toro Tocayito, lidiado en sexto lugar, fue indultado. 

 

 

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