Antonio Ferrera logra su cuarta puerta grande en Las Ventas de Madrid; herido Paco Ureña
Antonio Ferrera, a punto de cumplir 30 años de alternativa y con 42 cornadas en su cuerpo, salió a hombros de las Ventas de Madrid por cuarta vez en su carrera, tras una tarde, la suya, cargada de inspiración y personalidad. Supo el torero extremeño aprovechar las buenas embestidas del cuarto toro de Adolfo Martín, toreándolo con los vuelos de su muleta en tandas de muletazos que tuvieron relajo, profundidad y suavidad. Otra oreja cortó del sexto toro tras una emotiva faena en la que incluso se subió al caballo de picar para ejecutar dos veces la suerte de varas. Cuando logró pasaportar a este toro de un certero golpe de descabello, la plaza entera se tiñó de blanco exigiendo el pasaporte de la puerta grande, llamado al que se unió rápidamente el presidente de la plaza. Paco Ureña sufrió una cornada en su muslo derecho apenas empezar su labor, por lo que terminó en la enfermería de la que no pudo salir. Manuel escribano no tuvo suerte en tarde que sumó un lleno más a esta feria de San Isidro. Los toros de Adolfo Martín, sin ser fáciles para la terna que los enfrentó, mantuvieron el interés en los tendidos.
En una feria en la que los más jóvenes están llamando a la puerta, un veterano, Antonio Ferrera, se marchó a hombros al terminar el vigésimo primer festejo de la feria madrileña. Fue su tarde, por momentos, difícil de clasificar, dada la mezcla de variedad, gusto, técnica, relajo e improvisación que imprimió en largas dosis el torero vestido de blanco y oro. Incluso en su primer toro, que abrió la tarde y que mostró desde sus embestidas, al capote azul de Ferrera, lo que iba a ser su comportamiento: de cortas embestidas por el lado derecho y nulas por el pitón izquierdo. Ante tan pocas opciones, media docena de derechazos fueron un milagro gracias a la colocación y la insistencia de Ferrera que logró alargar la embestida del toro de Adolfo Martín que rozó los 600 kilos. Poco más. Silencio.
Fue ante Mentiroso, el cuarto toro de la corrida, bien hecho, de embestida enclasada y entregada, que Antonio encontró el camino de la inspiración y del toreo relajado, sobre todo cuando aprovechó el vuelo de su muleta sostenida con su mano derecha y sin la espada de ayuda, para hilvanar dos series largas que pusieron a todos de acuerdo. Claro que antes hubo otras dos tandas, con la mano izquierda y con idénticas dosis de cualidades que hicieron sonar las primeras ovaciones fuertes de la tarde. Faena medida realizada a un gran toro. Entró a matar en largo, caminando hacia el toro y citándolo a mitad de camino. Pinchó en el primer intento y logró una buena estocada cuando repitió, de la misma manera, la suerte de matar. Oreja.
Ante el sexto toro, que lidió por el percance de Paco Ureña, Antonio Ferrera hizo historia en Las Ventas de Madrid cuando, por primera vez en esta plaza, el público vio a un torero subirse al caballo de picar. Desde ahí citó Antonio tres veces al serio toro de Adolfo y dos veces dio en la diana. La plaza pasó del desconcierto a ponerse en pie. Ya con la muleta, faena inteligente del torero extremeño ante las cambiantes embestidas del toro que, si bien humilló, también supo reponerse rápidamente. Y de nuevo la naturalidad de Antonio cuando toreó al natural, y el arrebato al rematar las series. Faena precisa de torero roto y distinto que se empeñó, de nuevo, en matar citando de lejos, esta vez con el toro en la mitad del ruedo y él empezando su camino en tablas. La espada quedó suelta, mientras el descabello fue certero. Oreja y puerta grande.
Manuel Escribano inició su tarde como suele hacerlo: frente a la puerta de chiqueros. Y luego puso banderillas como también es parte de su tauromaquia, pero esta vez sin mayor lucimiento, aunque si con mucha voluntad que fue agradecida desde los tendidos. Fueron los únicos aplausos que sonaron durante el segundo acto de la corrida, pues las condiciones del animal, parado y con peligro sordo, no dieron lugar a más. Una estocada desprendida y un golpe de descabello mandaron al de Adolfo Martín con las mulillas, tras previo aviso.
Parecido guion se vivió en el quinto de la tarde, segundo del lote del torero sevillano, que no terminó de entregarse. Escribano logró muletazos de uno en uno, más no la ligazón necesaria para conectar con los del tendido, pues era imposible alcanzarla con un toro que arremetía, pero en cortos espacios.
Paco Ureña sigue luchando contra su destino, ese marcado por la sangre y el fuego. Pudo estirarse con las verónicas que recibió a su primer toro, a la larga el único que lidió porque apenas empezar a torear con su muleta, tras dos muletazos con la mano diestra, el de Adolfo Martín se lo echó a los lomos despidiéndolo con una cornada en el muslo derecho. Herido, el torero nacido en Lorca, quiso seguir batallando, pero la labor era imposible debido a las nulas opciones que brindó el animal. Tras una estocada y un acertado descabello, Ureña atravesó, arropado por una gran ovación, el ruedo de Las Ventas en busca del túnel que lleva a la enfermería de la plaza.
Ficha de la corrida
Toros de Adolfo Martín
Pesos:
596, 503, 515, 512, 517 y 544 kgrs
El primero, reservón. El segundo, falto de raza. El tercero, parado. El cuarto, con clase. El quinto, noble sin recorrido. El sexto, con movilidad.
Aantonio Ferrera
Blanco y oro
Oreja y oreja.
Paco Ureña
Rosa y oro
Ovación. Herido
Manuel Escribano
Negro y oro
Silencio tras aviso y silencio tras aviso.
PARTE MÉDICO PACO UREÑA. Herida por asta de toro con orificio de entrada en 1/3 superior cara anterior muslo izd. y una trayectoria ascendente y hacia fuera de 20 cm de longitud rodea el músculo sartorio y alcanza espina ilíaca anterosuperior, y otra trayectoria hacia atrás de 10 cm que contusiona la arteria femoral y alcanza la cara anterior del fémur. Ponóstico grave. Fdo. Dr. Máximo García Padrós / Máximo García Leirado.