Luis Álvarez, un taurino inimitable

Habría que indagar en los viejo libros de tauromaquia para encontrar apoderados que como Luis Álvarez se dieron a la tarea de buscar toreros fuera de sus parcelas. Ahí deben aparecer nombres como el de Andrés Gago quien, tras conocerlo en Caracas, se llevó, primero a Francia y luego a España, al mexicano Carlos Arruza. Lo mismo hizo con el venezolano César Girón, con el ‘Sol de Perú’, Alejandro Montini; y con el portugués Manolo Dos Santos.

Tal como lo hiciera Gago en los años 1940 y 1950, don Luis, como se le llamaba, logró adentrarse en el toreo de América desde los días en que el venezolano Morenito de Maracay empezó a sumar sus 20 temporadas en España, anunciado por Álvarez como ‘El Rey del quiebro’. Luego lograría que un colombiano, César Rincón, se convirtiera en máxima figura del torero; que el francés Sebastián Castella lanzara definidamente su carrera en España, y finalmente, apoderó a Luis Bolívar, logrando para él un lugar de privilegio en el escalafón español. Tres toreros del otro lado del Atlántico en medio de las dificultades que, para entonces, aún se vivía en torno a las comunicaciones.

Para dimensionar su figura inimitable, la del apoderado, como sus inicios como novillero, publicista y empresario, hemos rescatado una entrevista realizada por José Luis Ramón publicada en la desaparecida revista 6 Toros 6, el 9 de noviembre de 2010.

 

CLASICISMO, ELEGANCIA Y SABIDURÍA

Luis Álvarez es un clásico. Un apoderado de toda la vida. Un taurino de larguísima experiencia que ha dirigido la carrera de grandes figuras del toreo y también de matadores de amplia proyección. Entre otras muchas virtudes (afición, constancia, elegancia natural, sabiduría, don de gentes, y manejo del marketing, y de la publicidad…), es público y notorio que Luis Álvarez tiene buena estrella. Buen “bajío”, que dicen los toreros. Que da suerte a los matadores a los que representa, por decirlo más claramente.

 

Novillero en Las Ventas de Madrid.

 

Luis Álvarez nació en 1935 en Tánger (Marruecos) en el seno de una familia española que contaba con un matador de toros en activo: Manuel Álvarez “Andaluz”. En Tánger había una plaza de toros (todavía la hay, aunque ahora está convertida en un patio de vecinos), y allí instalo una escuela taurina Rafael Ordóñez, tío de Antonio, a la que también estuvo vinculado de alguna manera el Niño de la Palma. Allí comenzó Luis Álvarez el proceso de aprendizaje e hizo sus iniciales juegos taurinos. En Tánger también tuvo el primer contacto con su tío Manuel, el torero, que era primo hermano de su padre. Con la decisión tomada de hacerse torero. Luis hizo muchos tentaderos en Algeciras y en Jerez, y más adelante se instaló en el pueblo sevillano de Herrera, de donde procedía parte de su familia.

De Andalucía salió a Madrid, donde con grandes dificultades comenzó su andadura de novillero sin picadores. Durante cuatro años toreo muchos pueblos de Castilla, hasta que en1960 debutó con picadores en la plaza madrileña de Vista Alegre, anunciado como “Andaluz II”, en las novilladas que organizaban la familia Domínguin. Toreo en cinco ocasiones, y acudió luego, ese año y los siguientes a Barcelona, Valladolid, Bilbao, Sevilla, San Sebastián, Las Ventas…

En 1964 se retiró, realizo estudios de marketing y publicidad, y estuvo luego conectado con una revista de automóviles hasta que en 1975 se quedó con la plaza de toros de san Sebastián de los Reyes, en la que hizo una gran labor de promoción.

 

 

Y luego llegó el apoderamiento. ¿El primero fue Morenito de Maracay?

No, hubo antes dos toreros, Simón y salvador Farelo, a los que lleve a la alternativa pero que no tuvieron suerte. Luego ya sí apoderé a Morenito de Maracay, que fue muy importante porque hizo una campaña sensacional como novillero y le di la alternativa en Barcelona en 1978.  Aquel invierno viajamos a América con mucha fuerza.

-Con Morenito lo que se produce es tu desembarco en América, un continente en el que tuviste y tienes mucha fuerza. Podría decirse, incluso, que América es tu gran “especialidad”, como poco a poco iremos viendo.

Es cierto. Morenito fue quien abrió la puerta de América, empezamos en Venezuela, su país, pero luego seguimos por el resto de las naciones americanas taurinas, en las que José Nelo tuvo un gran predicamento. Presumo de tener allí grandes amigos y muy buenos contactos, con los que siempre he colaborado, quienes son los que me han dado esa fuerza de la que tú hablas. Lo que sí es cierto es que es sabido granjearme la simpatía de muchos empresarios y ganaderos y para mí es un orgullo. Sigo teniendo contacto con ellos, y es raro el que viene a España y no me llama.

¿Cuál fue el siguiente paso?

Apoderando a Morenito me hice cargo de Luis Francisco Esplá y Nimeño II, con la intención de potenciar el cartel de matadores-banderilleros de aquella época, además, compré una ganadería de procedencia Gallardo, y la tuve en Jaén en la finca llamada “los samanes”, que era también el nombre de la ganadería. El samán es un árbol americano muy frondoso.

 

Presentación de Enrique Ponce en Madrid.

 

En ese momento comencé a tener contacto con Juanito Ruiz Palomares, al quien conozco desde que era un niño, desde la época en que yo vivía y entrenaba en Navas de San Juan. Juan me trajo a un niño llamado Enrique Ponce, que tenía un alboroto formado sin picadores, y me pidió ayuda porque iba a debutar con caballos en Castellón y necesitaba apoyo para continuar con su carrera.

Enrique cortó una oreja y a partir de ahí ya me hice cargo de él. Le planteé una temporada muy buena hasta que se convirtió en la figura de los novilleros. Más tarde siendo yo empresario de Valencia, en el año 1990, le di la alternativa y en esa misma temporada fue cuando mató seis toros en solitario al caerse del cartel Roberto Domínguez y el Soro, triunfando, hecho que le abrió casi todas las puertas de las ferias de España. En 1991 hicimos una gran campaña y en 1992 se terminaron nuestras relaciones y pasó a apoderarle Juan Ruiz Palomares.

 

Manolo Chopera, Luis Álvarez y César Rincón. Manizales.

 

– Más o menos por esa época trabajaste con Manolo Chopera en la plaza de Madrid.

Yo fui socio de Manolo chopera en los cuatro años que estuvo como empresario de las ventas. En Madrid hice el primer gabinete de prensa, publicidad y promoción, algo que nunca había tenido una plaza de toros, y con la ayuda de Antonio Rodenas instauramos la venta del abono como regalo social, que fue un gran éxito. En el tercer año teníamos casi el 95% del cupo del abono cubierto, y desde entonces ha sido el gran éxito de la plaza de Madrid. Tras salir Chopera de Las Ventas, en el concurso del año 2000 me dieron a mí la plaza, pero el mismo día de la concesión, por la tarde me la quitaron porque hubo una maniobra pública y había que dársela a un señor que era presidente de la Cepyme e iba con los señores Lozano.

-Antes de todo esto apoderaste a César Rincón

Apoderando a Enrique Ponce y a Morenito viaje a Colombia y conocí a César.  Manolo Chopera me habló de él y me animo a cogerle. En su etapa de novillero sin picadores Rincón había estado ya en España de la mano de los Lozano y de Manolo Cano, y ahora quería entrar aquí como matador de toros, pero le constaba mucho trabajo. Tras el grandísimo éxito de César en Madrid, hubo un momento en que llegaron unos celos y me dijo que no le importaba que siguiera con Morenito, pero que tenía que dejar a Enrique. Así se hizo, porque en aquel momento Rincón tenía una gran fuerza.

– Aquello fue más que fuerza, Luis, porque de un día para otro pasaste de apoderar aún torero desconocido a llevar aún figurón del toreo. El maravilloso problema de ese momento fue saber gestionar tanto éxito y tanta popularidad. Eso, supongo, también fue una novedad para ti.

Me sirvió mucho que desde crío he tenido una gran afición, y que siempre me había fijado en lo que habían hecho otros grandes apoderados. Considero que también me ayudó mi conocimiento de marketing y de la publicidad, porque negocie con Jordi García Candau, director entonces de radiotelevisión española, poder gestionar nosotros los derechos para América de las imágenes de la corrida del mano a mano de César con Ortega Cano. Negocie con la cadena RCN y aquello fue un auténtico éxito, la salida a hombros, el abrazo del Rey a César…

se le planteó una temporada sensacional, en la que se acertó de pleno en la selección del tipo del toro que le iba a César, un animal que transmitía emoción. Ese fue uno de los grandes éxitos de Rincón, y por eso ha llegado a ser la gran figura del torero que ha sido.

 

Junto a Miguel Armillita. Madrid.

 

– Y junto al torero primera figura del toreo, la figura de los apoderados, acumulando poder en España y en América ¿cómo viviste esa época?

Con felicidad, pero también con mucha dedicación. Todo éxito implica un gran trabajo detrás. No podía dormirme en los laureles y había que cuidarlo todo y andar pendiente de todo. La verdad es que estoy muy orgulloso de cómo se desarrolló en España, América y Francia la trayectoria de César. Aquella experiencia me ha servido para los toreros que fueron llegando después de Rincón.

Después apoderaste a Antonio Ferrera, a Sebastián Castella…

Antes que a Ferrera apodere a Pepín Liría y a Miguel Armillita al que apoderé en España en su primer año de alternativa. Luego no quiso volver y se quedó en México, su país. También apoderé a un novillero con unas grandes condiciones, José Antonio Iniesta, pero en Madrid recibió una cornada gravísima que lo afecto para su desarrollo futuro. Por esos años apoderé a Miguel Rodríguez, que era un torero con gran proyección pero que desafortunadamente no terminó de cuajar.

– ¿Te consideras un pionero en la utilización de marketing y de la publicidad en el toreo en general y en el apoderamiento en particular?

En ese aspecto, sí. Una prueba de ello es que en la plaza de Madrid creé el programa oficial, que ahora se reparte en todas las plazas importantes.

– ¿Cuándo surgió la idea?

El nacimiento del programa oficial se lo debo al gran crítico Pepe Alameda, Pepe llego a Madrid a televisar una corrida y como no conocía a los subalternos me pidió ayuda. Entonces se me ocurrió, con la ayuda del hijo del mozo de espadas Tomás Gutiérrez, hacer unas tablillas con los nombres de los subalternos, los colores de sus vestidos y los órdenes de lidia. Alameda bordó la transmisión, y a partir de ahí se hizo el programa oficial.

 

En medio de Sebastián Castella, Enrique Ponce y César Rincón.

 

-Otro torero importante fue Sebastián Castella

Sebastián llego a mis manos en un momento muy difícil de su carrera. Hubo unos famosos empresarios que me decían que había hecho a Morenito, a Rincón, a Ponce…pero que con Castella me equivocaba, porque no iba a ser torero en la vida. Sin embargo, en Sebastián yo había visto que tenía una gran personalidad, un valor a prueba de bomba, una gran afición y un temple extraordinario.

Esas condiciones a mí me hacían pensar que podía ser un gran torero. Creo que hice una gran campaña con Castella, y ponerle en el sitio en el que yo esperaba que llegara, y por circunstancia tuvimos que separarnos… José Antonio Campuzano, que era el hombre que estaba de veedor, no se llevaba bien con él y aunque se acabó la relación, yo sigo manteniendo una buena amistad con Sebastián.

-El último torero que ha llevado ha sido Luis Bolívar, de nuevo muy importante en Colombia, aunque en España la lucha era más costosa.

Bolívar era un torero que tenía condiciones para haber sido el sucesor de César Rincón, por una serie de circunstancias no ha podido dar todavía el gran salto que de él se esperaba. Luis todavía es una incógnita, es un gran torero y yo creo que aún puede recuperar ese sitio. En estos momentos la empresa Inversiones Chicó, que yo creé para el apoderamiento, dirige las carreras de Eugenio de Mora y Ámbel Posada.

-Hemos nombrado a muchos toreros, algunos muy importantes, que van pasando por tus manos, van dejando huella y van saliendo de tu vida. ¿Por qué se van rompiendo las relaciones?

Hay muchas circunstancias y cada uno tiene su motivo y su momento. Con Rincón pasó que hubo un gran apoderado que se ofreció a llevarlo gratis, porque el torero que él llevaba en ese momento había sufrido un gran bajón en Madrid y pensó que la manera de poder volver a negociar y a hablar con la empresa de Madrid era hacerle la oferta a Rincón. A César se le abrieron los ojos, quiso negociar y yo le expliqué que no podía bajar más mis condiciones. Entonces me reuní con José Luis Lozano, hablamos del tema y me explicó que no podía consentir que otra persona viniera a pisar el cuello, y como ellos siempre han tenido un gran aprecio a César, e incluso le dieron la primera comunión cuando estaba viviendo y entrenando con ellos en la finca de “Alcurrucen”, se hicieron cargo de él. A Antonio Ferrera tuve que dejarlo porque siendo un gran torero, no se ha dejado aconsejar en los momentos claves. Con Castella surgieron problemas con Campuzano y hubo que cortar el apoderamiento. Con Ponce ya hemos hablado de celos con Rincón, y fíjate que Enrique en su momento me brindó tres toros, en Almería, San Cristóbal y en Bogotá, donde me pedía que quería seguir conmigo, pero César se opuso totalmente.

– ¿Cuál ha sido, la gran satisfacción de estos años?

La principal de todas ellas es que me he portado con ellos como si fuera su segundo padre…

-Y varios han vivido en tu casa y con tu familia, como si fueran uno más. 

Eso es cierto. Siempre me he volcado con mis toreros, porque todos tienen sus momentos buenos y también tiene sus baches, y hay que saber, cuando llega el momento bajo, cómo hay que comportarse y saber darles confianza.

-El apoderado es un gestor con las empresas, pero también debe ser un psicólogo con los toreros.

Exacto. Los toreros son seres humanos y hay veces que un toro los vuelve locos. En ese momento debes saber hablarles, aconsejarles y darles desconfianza.

-Imagino que haber sido torero te sirve mucho para la comprensión de los problemas de los matadores.

Mucho. Eso es fundamental. Yo tengo un concepto…fíjate que uno de los defectos que estoy viendo ahora en algunos toreros es que se está toreando muy en línea recta a los toros, les falta llevarlos con la cintura. El toreo siempre ha sido llevarse al toro atrás vaciarles la embestida detrás de la cadera.

-Y naturalmente, hablarles de técnica, también es labor del apoderado.

Desde luego. Hay que hablarles de toros, corregirles defectos e, incluso, torear de salón con ellos.

– ¿Cómo es la relación con las empresas? ¿Cuesta pedir dinero?

Cuando no tiene fuerza, pedir dinero cuesta mucho trabajo, eso es cierto, y hay que estar entre los tres escalones. Ahora mismo están faltando empresarios que tenga afición de verdad. Antes les satisfacía sacar un torero y que triunfara, pero ahora…

– ¿Cuál es la clave del éxito del apoderado?

La afición. Para ser torero, apoderado o empresario hay que tener mucha afición.

– ¿Y el futuro? ¿Te ves muchos más años en los callejones apoderando toreros?

Esa es mi ilusión. Manolo chopera decía una frase muy importante: “la vejez comienza cuando los recuerdos pasados pesan más que las ilusiones futuras”. Hay que tener siempre ilusión para sacar toreros nuevos. Hay que luchar por ello, porque el trabajo y la ilusión te mantienen joven y vivo. Tengo afición al maravilloso mundo del toro desde que era niño, y espero morirme con ella.

****

El pasado 14 de septiembre falleció a sus 88 años Luis Álvarez, una de las figuras emblemáticas del apoderamiento de las dos últimas décadas. Novillero, empresario y apoderado de los de antes, fue un visionario al introducir el toreo en las leyes del marketing, comenzando por la plaza de Las ventas de Madrid.

Comparte este contenido